El presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad visita por quinta vez a América latina, en una gira de cinco días por Venezuela, Nicaragua, Cuba y Ecuador, en busca de apoyos políticos y económicos que le permitan sortear el límite impuesto por Occidente a su programa nuclear.
Fuera del periplo quedó Brasil, desmarcado ostensiblemente de Irán desde que Dilma Rousseff asumió la presidencia. Tampoco visitará nuestro país ya que el Gobierno argentino ha redoblado los reclamos ante Teherán y en los principales foros internacionales para que las autoridades iraníes colaboren en la investigación de la causa AMIA, en la que se encuentran implicados varios funcionarios y ex funcionarios iraníes.
Como en las cuatro ocasiones anteriores, Ahmadineyad ya estuvo con Hugo Chávez, el venezolano que hace seis años le abrió al régimen de los ayatolás las puertas de la región y que junto a él predica la misma retórica antiimperialista contra Estados Unidos. El viaje del líder iraní ocurre en medio de la agitación militar de las aguas del Golfo Pérsico, cuando la economía iraní, en números rojos, no parece estar para muchos viajes, y las disputas internas corroen al régimen.
Teherán considera que sus relaciones en América latina le darán fuerza ante EEUU, pero lo cierto es que sus amigos no desempeñan un papel preponderante en el orden mundial ni tampoco pueden ofrecerle demasiado en el plano económico. Más del 70% de los ingresos de Irán proceden de la exportación de petróleo. En el peor caso, las sanciones podrían hacerle perder más del 50% de aquellos recursos y sumirlo en una grave crisis económica en la que los latinoamericanos no podrán otorgar una ayuda valiosa.
Lo cierto es que la "guerra económica de Occidente”, como la llama Teherán, ya le hizo perder a su moneda entre el 25 y el 30% de su valor en una semana. El próximo 30 de enero se espera que los ministros de Exteriores de la Unión Europea aprueben nuevas sanciones contra Teherán por su negativa a poner freno a su programa que los expertos consideran destinado a obtener la bomba atómica.
Esta gira de Ahmadineyad no es más que un movimiento desesperado de un régimen cada vez más aislado, más peligroso y con creciente presión internacional para que ponga freno a su amenazante programa nuclear.
