En otro intento de poner fin a la guerra civil en Siria, que lleva ya 18 meses de cruentos enfrentamientos entre las fuerzas del gobierno de Damasco y grupos rebeldes, ayer se inició otro esfuerzo de las Naciones Unidas y de la Liga Árabe en busca de paz. En esta misión contra las operaciones militares que causan estragos en la población civil, está a cargo del diplomático argelino, Lakhdar Brahimi, que sucede a Kofi Annan, renunciante por una serie de frustraciones motivadas por las estrategias políticas y hegemónicas que involucran a Medio Oriente. Ahora hay otra esperanza, al conocerse también una nueva posición de Rusia, más conciliadora: Moscú pidió a la comunidad internacional dejar de lado las desavenencias e intereses sectoriales que frenan los propósitos de la ONU. Según el canciller ruso, Sergey Lavrov, todos los países que realmente busquen una solución a la situación en Siria, deben esforzarse por convencer a ambas partes del conflicto para que termine la violencia, porque para él hay desacuerdos muy serios sobre la forma de alcanzar una solución definitiva. Se refirió concretamente a los países que presionan para que se disponga una intervención militar extranjera en territorio sirio. "Cuando dicen que el Gobierno debe suspender la violencia primero, eso es o bien ingenuo o una provocación", afirmó Lavrov.

Es que esta guerra es muy compleja y con muchos los intereses en juego donde están involucrados los vecinos y potencias extranjeras. Se ha denunciado que actualmente Turquía entrena y permite entrar a terroristas a Al Qaeda en Siria, por ejemplo, otro componente donde no aparecen líderes visibles sino metralla para ganar terreno a costa de una población diezmada.