Expertos en educación y psicología de países de habla castellana determinaron, tras numerosos estudios, las actitudes más nocivas de los padres al implicarse en la educación de sus hijos. Son 10 conductas que entorpecen la educación y que demuestran que los progenitores no siempre tienen en claro su papel dentro del proceso enseñanza-aprendizaje.
El listado lo encabeza la actitud de ‘estudiar con los hijos’, sin tener en cuenta que ser padre y maestro a la vez crea conflictos y dependencias. También es negativo ‘resolverle todo a los hijos’, ya que solventar sus descuidos dificulta su maduración. ‘Focalizar todo en el estudio’ resulta negativo porque hacer de la formación escolar el eje de la vida daña la relación padre-hijo. ‘Querer genios’ también es negativo porque sobreestimular a los hijos a menudo provoca el efecto contrario. Tampoco es positivo ‘premiar las notas del colegio’, porque el estímulo material desvirtúa y puede aumentar la frustración. Por otra parte ‘disfrazar la vagancia’ equivale a buscar trastornos detrás de los fracasos, lo que retrasa la madurez. Tampoco es bueno ‘ejercer de detectives’, ya que el control absoluto de las tareas del alumno suscita desconfianza. No se debe ‘usar el estudio como peaje’, porque las tareas escolares acaban entendiéndose como un castigo. ‘Proyectarse en los hijos’ tampoco es aconsejable porque las expectativas no siempre se adecuan a las capacidades. Finalmente el ‘no respetar la línea escolar’ es contraproducente porque el modelo de los padres no garantiza el éxito de hoy.
Es necesario que a estos ítems se los tenga en cuenta para evitar que el padre incida negativamente en la escolarización del hijo, quien debe ir desarrollando libremente su capacidad de aprender.
