La actual pelea por los términos del acuerdo con los llamados holdouts, una parte de los cuales está representada por los acreedores indirectos a quienes se denominó ‘fondos buitre‘, puede describirse en código teatral como una tragedia. Recordemos, por si hiciera falta, que el drama es la forma teatral de describir la vida y se divide en la gracia, que es la comedia y la desgracia, la tragedia. En la tragedia no hay salidas buenas, como en Hamlet y Otello de Shakespeare y eso es lo que le ha tocado a nuestro país por su deuda. En vano critican los opositores de distinto signo pretendiendo que no se corran riesgos de males mayores. No hay certeza alguna de evitarlos porque el riesgo es un elemento obligado de toda decisión económica. ¿Pretenderán los acreedores que aceptaron las quitas y condiciones duras que impusimos allá por 2005 arreglos similares a los que se acordarán ahora con los buitres? No hay manera de saberlo hasta que algunos de ellos se presenten, si es que lo hicieran, en tribunales para pedirlo. En ese caso habrá que defenderse y pareciera que deberíamos ganar. Esa es una de las cuestiones principales que discutieron los diputados antes de avanzar para derogar la cláusula cerrojo que impedía a la Argentina conceder mejores condiciones que las que se ofrecieron en el momento del primer arreglo de la quiebra. El asunto salió bien de comisión pero para conocer el final habrá que esperar en una primera etapa hasta que se reúna el plenario de la Cámara Baja el martes que viene. Y luego tratamiento similar en el Senado. Hay buen pronóstico.
Como país no se nos puede atribuir mala fe, porque el que nos obliga a pagar el total sin quitas es un tribunal, no una decisión propia para favorecer a alguien. Eso es algo que nadie nos podrá endilgar así como que ha pasado un lapso más que extenso de 10 años entre aquél primer acuerdo y éste, lapso en que los fundamentos originales han cambiado. Claro, falta aún otro grupo, el de los ‘me too‘ (yo también), es decir, esa parte de los holdouts que no estuvo representada por los ‘buitres‘. Suena lógico que, una vez sentada la jurisprudencia de Griesa (recordemos una vez más que hay sentencia firme), eventuales nuevas demandas tengan el mismo final pero en realidad en términos relativos no es mucha plata, así que esa parte no sería problema.
Debemos insistir en dichos anteriores en estas notas. Por más que vuele la imaginación de que solemos hacer gala por estos lados, no hay caminos alternativos, se debe volver, a los mercados financieros internacionales. A tal punto es esto cierto que de esa idea participan hasta quienes como Mario Blejer o el mismo Carlos Fábrega han sido parte del proceso kirchnerista del mismo modo que lo fue Guillermo Nielsen, diseñador de la primera salida del default grande. No hay otra salida que tomar crédito que se supone será más barato luego de abandonar el ‘veraz‘ internacional. Una prueba inmediata ha sido la toma de un crédito a mediano plazo por la provincia de Buenos Aires que cortó al 9,37% de tasa por un monto total de 1.250 millones de dólares, tasa altísima comparada no solo con la que se paga en el resto del mundo sino el doble más alta de la que pagan países como nuestra hermana Bolivia a pesar del populismo nacionalista de Evo Morales. No se puede seguir pagando tantos intereses.
¿Porqué no tenemos otra alternativa que tomar créditos?
Para empezar, registramos un déficit anual del presupuesto de nada menos que el 7% del Producto Bruto Interno, más del doble de lo razonable. O sea, falta plata cada 30 días para que el Estado llegue a fin de mes cumpliendo con obligaciones que involucran también a provincias y municipios. Para neutralizar ese faltante no le se puede dar más vueltas a la impresora de billetes cuando el nivel de emisión ha superado el 40% de la base monetaria por año causando una de las inflaciones más altas del mundo. En ese rubro, el límite superior aconsejable hace tiempo que fue superado por lo que no queda margen para resolver el problema desde la política monetaria. Queda claro que la inflación no es ya un síntoma sino una enfermedad grave.
Además, estamos en recesión, es decir, sin crecimiento económico desde hace varios años con consecuencias negativas ya visibles en el empleo. Un inventario rápido de la situación que hay que enfrentar ha hecho regresar la discusión sobre gradualismo o shock para neutralizar una crisis que tiene varios indicadores malos: alta inflación, atraso cambiario, falta de crecimiento, precios relativos desajustados, tarifas de servicios bajas, alto monto en subsidios, impuestos altos, baja de las exportaciones, escasez de reservas, escasez de inversiones, tasas de interés altas, para citar solo los más evidentes.Es un gran avance para la consolidación de nuestro inmaduro sistema democrático que todo esto se esté discutiendo en un Congreso ampliado con la participación de economistas y especialistas de distinto signo y origen. No se hace más que lo que exige la Constitución, pero ha sido largo el tiempo en que estas cosas se decidían entre pocos y a puertas cerradas así que este ‘tranco e° pollo‘ nos parece un logro cuando debió ser algo natural. Volviendo al comienzo, el endeudamiento para equilibrar gastos corrientes del Estado no es algo bueno, pagar a los buitres no es justo, corremos algún riesgo frente a otros acreedores…pero en el otro platillo de la balanza hay cosas peores. Acudir de nuevo a los mercados financieros no es la solución final, es la salida obligada.
