"Escuchame bien, Marcos. No voy a hacer un gol, voy a hacer dos", sic. La frase tomó realidad pasadas las 22 del domingo. Con la goleada consumada de San Martín sobre Olimpo (5-1), Walter Cuevas cumplió con la premonición que le hizo a su colega-amigo en el plantel verdinegro, Marcos Quiroga. Ambos comparten muchas cosas dentro y fuera de la cancha. En el rectángulo de juego, son los dos máximos goleadores del equipo. También la posición en el campo, por lo cual son rivales por el puesto aunque ellos prefieren esquivar el debate (ver aparte). Fuera del césped, además de ser de los más bajos de estatura del plantel y del lugar en el vestuario para cambiarse donde, por ejemplo, el Chivato le pronosticó al Avioncito el duplicado de gritos, coinciden en charlas en las concentraciones y largas rondas de matés. Pasan tanto tiempo juntos que deben masticar las cargadas de rigor de los Décima y Gómez con el filoso "parecen novios".

"Y…nos parecemos mucho", cuenta Quiroga sobre su relación con el ex Flandria y da detalles de la previa del domingo: "Nos estábamos cambiando pegados en el vestuario, como siempre. Entonces, le digo en joda «a ver si hacés un gol y ganamos». Walter me miró y me dijo que iba a hacer dos. Mucho no le creí en el momento (sonríe), pero por suerte cumplió. Además, cada gol que hizo cada uno se lo dedicó al otro", expresa Marquitos quien anotó un tanto ante los bahienses y es el goleador de la temporada del equipo con cinco goles.

"Desde que llegamos al club pegamos muy buena onda. Además de cambiarnos pegados, tomamos mate todo el tiempo y en el hotel donde concentramos nos juntamos en el patio a las 10 de la mañana para charlar. Por eso siempre nos cargan en el plantel conque somos como novios", describe Quiroga.

Cuevas, quien lleva cuatro goles en la campaña, encuentra similitudes para esta relación en otro punto: "Nos llevamos bien porque somos parecidos en el carácter. Hablamos poco los dos y más que nada nos dedicamos a escuchar al resto", cuenta.

Aunque donde los elogios de un lado y otro llegan a su final es cuando se trata de saber quién es más alto. "Por poco, pero le gano yo", tira Cuevas sobre la espinosa disyuntiva. Aunque Quiroga acepta la derrota, da una versión particular sobre el veredicto: "Me gana pero por el flequillo que tiene. Yo mido 1,64 y él 1,66, pero esos dos centímetros son de flequillo", descarga.

Donde vuelven a caminar por el mismo camino es en cómo contrarrestar la baja estatura. "Busco siempre tener mucha movilidad. Cuando la pelota va por un lado, yo voy por el otro, como por ejemplo en el segundo gol mío ante Olimpo", describe Cuevas y Quiroga agrega: "Por nuestra altura no podemos chocar con un defensor de 1,85 de altura. Lo nuestro es picardía para moverse en los lugares reducidos". Claro, como el pálpito de su socio el domingo.