Jaime Ayoví, ese moreno de 28 años que tiene Godoy Cruz de Mendoza como uno de sus delanteros de moda, lejos está de ser un buen perdedor. Por eso es difícil que algún día sea una gran ganador.
Es cierto que, con las pulsaciones ‘a mil’, muchas veces el corazón le hace una gambeta a la mente de cualquier jugador que está en plena ‘batalla’ y la reacción es la menos indicada. Pero ayer Ayoví tuvo dos reacciones incomprensibles en menos de lo que ‘canta un gallo’.
Primero le metió un ‘patadón’ descalificador a Lugo, de San Martín, cuando ya sabía que la derrota de su equipo era irreversible porque se jugaba tiempo de descuento. Lógicamente se ganó la tarjeta roja del árbitro Vigliano, lo que llevó a que sus compañeros protesten y que los rivales se ‘lo quieran comer’ por la rudeza con que le fue al jugador de San Martín.
Para evitar mayores problemas, el árbitro, en una acertada medida, dio por finalizado el partido. Y ese momento se dio la segunda reacción vergonzosa del ecuatoriano. Es que empezó a hacerle señas a la tribuna que los jugadores del Verdinegro habían ‘cobrado’ un premio extra por ganarle a Godoy Cruz. Realizó varias veces la mueca de dinero con los dedos. Y en un momento dado hizo como que se metía la mano al bolsillo recibiendo el dinero.
La derrota, por dolorosa que sea, no justifica que Ayoví haya hecho todo ese ‘circo’. No sólo no aceptó que el rival ganó bien en la cancha sino que agredió a sus rivales -pero colegas- catalogándolos de coimeros. Tendrá que pensar en frío. Al menos para que, algún día, sea una gran ganador. Ayer mostró ser un mal perdedor.
