Hace tiempo que vengo advirtiendo la necesidad de hacer una reforma del Código Civil. En 1994 se produjo un ingreso muy al plexo normativo argentino de los tratados internacionales sobre los derechos humanos. La tremenda influencia de los pactos internacionales ha producido prácticamente la derogación del Código actual. Me perece bien que se reforme, por dos motivos: ideológicamente estoy de acuerdo y porque he participado en parte de la redacción. Este proyecto no pone en crisis la familia, la familia en Argentina viene en crisis desde hace tiempo y por otras razones ajenas a la norma. Las costumbres argentinas se fueron flexibilizando y se fueron renovando. No hay más divorcios por culpa de las leyes, la gente se separa igual, con Código Civil o sin Código Civil. El principio básico que se le da al sistema de matrimonio en este proyecto es el de igualdad y libertad.