El libro "La historia íntima de los derechos humanos en Argentina", de la ex ministra del Gobierno de la Alianza, Graciela Fernández Meijide, sigue generando fuerte polémica de quienes enfocan el tema con óptica ideológica.

La autora puso en duda que hayan existido 30.000 desaparecidos por la represión, y pidió referirse estrictamente a los 7.954 casos documentados por la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep) que ella integró. Frente a los cambios al prólogo del informe de la Conadep, que hizo el gobierno de Néstor Kirchner, ella se pregunta: "¿Con qué derecho se habla de 30.000 desaparecidos cuando había un conteo de 7.954? ¿Por qué es un símbolo? Están los mitos, pero quien hace historia tiene responsabilidad política. Debe decir la verdad".

Esta mujer sufrió, el 23 de octubre de 1976, que fuerzas de seguridad entraran en su casa y se llevaran a su hijo Pablo de 17 años. Su desaparición cambió para siempre la vida familiar y torció el rumbo que llevaba ella, al punto de abandonar su instituto de idiomas para dedicarse a trabajar con ahínco y esfuerzo en la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. El informe de la Conadep, tanto en su prólogo como en el capítulo II, hace referencia al número de personas desaparecidas, víctimas de la represión ilegal: en el primero dice que son cerca de 8.000, mientras que en el segundo precisa que son 7.954. En ambos casos se pone especial atención en alertar acerca del carácter provisional de dicha cifra, siempre abierta a comprobaciones ulteriores en la medida en que nuevas denuncias o nuevos hallazgos, como expresión de las investigaciones en curso, permitan alterar esas listas.

La pregunta que surge es: ¿dónde radica la verdad? No es provechosa ni conducente una discusión sobre el número. Lo cometido durante esos oscuros años de la vida de la Nación fue de una gravedad tal que la cuestión de los números de los desaparecidos no mitiga en absoluto las atrocidades cometidas por el terrorismo de un Estado, que en vez de preservar la paz por medio del respeto y la vigencia de los derechos humanos se dedicó a sembrar el miedo, a perseguir ciudadanos, a eliminarlos y a privarlos de un proceso justo. Esta página dramática de la historia argentina exige ser analizada no con prejuicios ideológicos ni de derecha ni de izquierda, sino con la verdad.

Por eso resulta valiosa la actitud de Fernández Meijide, que aunque haya sido criticada se alinea en una orientación que busca conciliar razonablemente la verdad con la justicia para lograr plenamente la paz interior de la Nación como fruto de la memoria completa.