Más allá que deportivamente la carrera no está saliendo tal cual lo pensaron, planificaron y planearon las autoridades, el cuerpo técnico y el plantel de la Agrupación Virgen de Fátima no se pierde el espíritu festivo que le otorgan siempre a la Vuelta.

De varios años a esta parte las banderas rojas y amarillas copan las banquinas. Y desde mucho tiempo atrás, una de las zonas preferidas en la Vuelta son las laderas de los cerros aledaños a los Baños de Talacasto.

Desde muy temprano los integrantes de la entidad que preside Carlos Gómez se trasladan en sus movilidades para colocar un mástil con una bandera cada cinco metros y para ascender trasladando ‘trapos‘ más grandes al promontorio que se observa desde medio kilómetro antes de arribar a la zona conocida por las virtudes de sus aguas termales, que lamentablemente no cuentan con un complejo aceptable para ofrecer al turismo.

No ganar la carrera supone un desaliento, pero no un motivo para arriar sus banderas que son un símbolo de alegría y esperanza