El rugir de los motores aturde. La tracción 4×4 levanta tierra y piedras en cada curva. Corren en una pista de 380 metros, en Santa Lucía. Los vuelcos no faltan porque alcanzan hasta 80 km/h. Pero tienen boxes, talleres y un mecánico por vehículo. Todo es igual a las carreras de autos normales y sus pilotos tienen la misma pasión que si corrieran adentro de sus vehículos. Pero se trata de autos a escala de 50 cm de largo y a control remoto.

Con los labios apretados y hablándole al auto, como un piloto de Turismo Carretera alienta a su vehículo, unos 30 corredores de autos a escala 1/8 Off Road se reúnen los sábados a las 17 a practicar en la pista Hugo Cribari, en Ruta 20 a 1 kilómetro del Club Atlético de la Juventud Alianza.

El mecánico enciende los vehículos sobre una caja que hace girar las ruedas, luego todo queda en manos del piloto, que lo dirige desde un palco. Abajo están los boxes donde recargan combustible, cambian neumáticos y, por supuesto, realizan las reparaciones.

Los golpes en los tubos del palco no faltan cuando se producen vuelcos, choques y hasta despistes. Los ojos bien abiertos y la mirada fija en el auto, por más que la tierra que se levanta llega a las pupilas, es una constante en los pilotos de un volante de unos 4 centímetros de diámetro.

Al mismo tiempo, las opiniones diversas y encontradas sobre la falla del motor llenan los oídos casi tanto como el ruido de los aceleradores. Las ruedas apiladas en las mesas de taller hacen recordar a los torneos de Fórmula 1. Por otra parte, un destornillador en la boca y una pinza en las manos es una postal de los mecánicos.

"Todos somos corredores frustrados", dice Jorge Pelayes, secretario de la comisión directiva de la pista. "Muchos corrimos en moto y por falta de presupuesto o de capacidad, nos decidimos por estas carreras", agrega.

Para poder tener un auto para probar en el circuito de Santa Lucía hay que comprarlo por partes o entero. Se puede adquirir, por un lado, el chasis con la suspensión; por otro, el radiocontrol y aparte el motor, o ya armado completamente. Los pilotos reciben las consultas y dan los datos del proveedor para traer las máquinas desde Buenos Aires.

El circuito, por ser para vehículos todo terreno, posee obstáculos. Se puede observar una cama de piedra bola, badenes, lomadas y rampas simples, dobles y triples; algunas llegan a un metro y medio de alto. Estos estorbos logran la emoción traducida en los gritos de los observadores cuando se producen accidentes.

Nada falta en estas competencias para ser igual a una de autos normales. La pista hasta posee un cuentavueltas automático. Una antena cruza el camino por debajo de la tierra y gracias al sensor que posee cada auto, saben con certeza de milésimas de segundos cuánto demoró en cada vuelta.

En febrero comenzó el campeonato sanjuanino en el que corren autos Buggy. El espectáculo es gratuito para el que quiera presenciarlo en Santa Lucía. La segunda carrera tiene fecha para el próximo 21 de marzo, desde las 14 horas.