Al lanzar el mes pasado la colecta anual "Más por Menos” la Iglesia advirtió que la pobreza estructural no cede y lamentó la tremenda realidad de la desnutrición infantil, por lo que hizo un llamado a la sensibilidad de los argentinos para contribuir con un mayor aporte solidario, lo que se concretó de manera generosa.
Los obispos conocen esta dura realidad desde adentro al estar en contacto con los desposeídos y la vuelcan al Barómetro de la Deuda Social de la UCA, con estadísticas actualizadas. Hace dos años el Indec dejó de difundir los indicadores sociales relacionados con la pobreza y las explicaciones sucesivas, ante los reclamos de políticos y economistas, tuvieron como respuesta que "no se debía estigmatizar a los pobres” o, peor todavía, que el Gobierno no estaba para "contar pobres” como dijo el jefe de ministros.
En el último informe de 2013, el organismo afirmó que el 4,7% de los argentinos era pobre, porcentaje que la presidenta de la nación repitió en junio pasado, cuando recibió un premio de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO).
La Universidad Católica Argentina presentó su informe sobre la pobreza del segundo semestre de 201, aumentando más de un punto porcentual con relación de 2013 y alcanzó al 28,7% de los argentinos -unos 12 millones- en tanto los trabajadores de ATE-Indec calcularon para el mismo semestre de ese año, una pobreza del 25,1% con dos millones de indigentes.
Los especialistas señalan que la no publicación del índice de pobreza no tiene fundamentos técnicos ni sociológicos, como argumenta el Gobierno nacional sino se trata de una decisión política. Se habría decidido ocultarlo ante los resultados negativos
