Hay buenos vientos para la política de familia en el país más poblado del mundo: China. El 18vo plenario anual del Partido Comunista de China puso fin al obligatorio mandato de no traer a este mundo más que el ‘hijo único’ y permitirá que todas las parejas del país tengan dos hijos. Tal política duró nada menos que 36 años. Esta noticia fue divulgada por la agencia de noticias china Xihuan, del Partido Comunista. ¿Una nueva política demográfica? ¿Qué pasó con la anterior? Quedó demostrado que no fue un acierto, y una invasión indebida del Estado en las decisiones que son esfera estrictamente del ámbito matrimonial. Muchas voces -sobre todo desde fuera del régimen comunista chino- se alzaron durante estas décadas pidiendo el cese de aquella nefasta política. Quedará ratificada en la reunión plenaria de la Asamblea Nacional Popular en marzo de 2016.
Pero hagamos un poco de historia. La estrategia de planificación familiar fue introducida en el país asiático en el 1979 con el objeto de controlar la superpoblación. Las parejas sólo podían tener un hijo y en el caso de parejas con asiento en ámbitos rurales hasta dos, siempre y cuando el primer hijo fuera mujer. ¿Discriminación? Ciertamente. Posteriormente, en 1984, se estableció que en el supuesto que ambos padres fueran hijos únicos se les permitiría tener un segundo bebé. La flexibilización de la norma continuó en 2013, porque se autorizó a tener dos descendientes en el caso que cualquiera de los dos progenitores sea hijo único.
Por la política del hijo único la población de China es actualmente de 1.300 millones de personas, en lugar de la cifra que se estimaba inicialmente de 1.700 millones.
¿Qué motivó el cambio? El envejecimiento de la población y todo lo que eso conlleva. Actualmente, el 30% de la población se encuentra por encima de los 50 años. Según los datos demográficos que maneja la Academia de Ciencias Sociales de China, cada mujer tiene en el país menos de 1,6 hijos, cuando hace falta una cuota de 2,1 para una estabilidad de la población. A su vez, se considera que a raíz de este régimen hay un desajuste entre la población masculina y la femenina.
¿Qué pasaba si las parejas o matrimonios violaban la ley del ‘hijo único’? Debían hacer frente a diferentes clases de sanciones, desde multas hasta la perdida del trabajo o ser forzados a practicar un aborto. Por otro lado se da lugar al infanticidio femenino y se promueve el sub-registro de nacimientos de este sexo.
El demógrafo belga Michel Schooyans mostró en sus numerosos libros que en las zonas rurales de China, había no menos de 200 a 300 millones de niños no registrados. Nunca alcanzarían ciudadanía, ni derechos, ni el voto popular, etc. Verdaderos NN. Un desastre institucional y humano.
La reciente decisión de erradicar la política del hijo único parece un avance pero no la solución definitiva en la materia. Es el parecer de Juan Bautista Eleta, del centro de bioética de Bs. As. No pocos matrimonios continuarán optando por tener un solo hijo ya que la familia compuesta por tres personas ha sido establecida como una ‘norma social’. Los críticos afirman que la política de los dos hijos no aumentará la tasa de natalidad lo suficiente.
Desde una perspectiva bioética, hemos de celebrar la decisión reciente. La limitación del número de hijos por parte de cualquier Estado, es siempre una injerencia indebida y grave en la libertad de los esposos de transmitir la vida. Ellos y sólo ellos -en conciencia- deben tomar tal decisión acerca de cómo y cuándo constituirán su propio núcleo familiar. Y toda familia, sabemos, será siempre el sostén clave de la sociedad. Ya lo dijo Juan Pablo II: ‘El futuro de la humanidad pasa por la familia’.
