Ser el país de Europa con mayor número de habitantes de origen musulmán y el que más implicado está, junto a EEUU, en la lucha contra el Estado Islámico en Oriente Medio son los puntos clave para intentar explicar porqué París es el objetivo número uno de los yihadistas.
Dentro de la coalición internacional encabezada por Whasington en Irak y Siria, Francia es, después del líder, el principal protagonista, por delante del Reino Unido. Su Fuerza Aérea bombardea, desde agosto de 2014, las posiciones del Estado Islámico (EI) en el norte de Irak y, desde el 24 de septiembre pasado, también lo hace en Siria, un paso que el premier británico, David Cameron, jaqueado por los problemas domésticos, aún no se ha atrevido a dar.
El 8 de noviembre los cazabombarderos Mirage intentaron incluso acabar con la vida de Salim Ben Ghalem, un terrorista francés, en Raqqa, la capital del Estado Islámico.
Aunque cuenta con un gran respaldo de EEUU el Pentágono inauguró en 2012 una base drones en Níger-, Francia es también el país más implicado en la lucha contra los yihadistas en la franja del Sahel. Su intervención militar paró in extremis, en enero de 2013, a las columnas armadas de tres grupos islamistas que se dirigían hacia Bamako, la capital.
Francia es además el país de la Unión Europea en el que hay más musulmanes. Aunque el censo francés no precisa su religión, las estimaciones apuntan a que unos 6 millones musulmanes, es decir un 10% de la población, un porcentaje que duplica al de España (3,9%) y rebasa también al de Alemania o reino Unido. Cientos de miles de musulmanes viven en guetos, es decir, en barriadas periféricas en las que son mayoritarios.
El laicismo francés, que se enfrenta a símbolos religiosos como el hiyab (pañuelo islámico), choca de lleno con el islam que practican. Legislaciones puramente laicistas, que se enfrentan a sus costumbres religiosas; y, sobre todo, el alzamiento de unas serie de políticas xenófobas y racistas abanderadas por partidos como el de Marie Le-Pen, y como consecuencia de la crisis económica mundial, han sido el caldo de cultivo para la búsqueda de nuevos adeptos a la causa por el yihadismo.
La concepción francesa de la libertad de expresión, que permite criticar ampliamente a las religiones, puso también al país en la mira de los extremistas. El atentado contra Charlie Hebdo, que había publicado caricaturas del profeta Mahoma, fue realizado con ese pretexto.
Por todo esto, Francia es el país de Europa del que más aspirantes a yihadistas han partido rumbo a Siria e Irak para sumarse al EI. Se calcula que son unos 1.500. Por todas estas razones Francia es desde hace tiempo el objetivo número uno en Europa de los terroristas.
El Reino Unido también figura entre sus prioridades, pero es algo menos vulnerable. Es una isla y no forma parte del espacio Schengen de libre circulación para refugiados, es decir, que sus fronteras están algo más controladas. Las de Francia son porosas.
Hasta ahora era Madrid la capital de Europa continental en la que el terrorismo de corte islamista ha causado más muertos (11-M, 192 víctimas mortales), pero es en París donde más atentados perpetrados por radicales musulmanes se han producido en las tres últimas décadas.
En los ochenta sus autores eran extremistas palestinos y libaneses; en los noventa padeció los coletazos de la guerra civil larvada que asolaba a Argelia. Ahora la guerra es con el EI que ya el 30 de octubre pasado, en represalia por los bombardeos de Rusia en Siria, derribó un avión con más de 200 rusos a bordo.
