La recordación del destructivo terremoto del 15 de enero de 1944 nos motiva a preguntarnos en qué medida estamos preparados para afrontar una contingencia sísmica de esas características. Transcurridos 72 años desde que vivimos esa catástrofe, período en el que sumamos la experiencia del terremoto del 23 de noviembre de 1977, tenemos la obligación de estar siempre preparados para saber qué hacer antes, durante o después de un sismo de gran intensidad.
Hay que tener en cuenta que en lo referido a la prevención sísmica todo está interrelacionado, desde las características de la construcción de las viviendas y edificios, que deben seguir celosamente las normas sismorresistentes, hasta la forma de comportarse de la población y los planes de contingencia sísmica que deberían estar claramente establecidos. Todo esto apuntando a la preservación de la vida humana.
Es fundamental hacer una diagramación precisa, en nuestra ciudad Capital y centros urbanos, de cada uno de los departamentos, de la forma en que debe proceder la gente, estableciéndose las zonas de autoevacuación, lugares de asistencia médica y sitios de abastecimiento de agua potable y alimentos.
Desde organismos a nivel local como Defensa Civil, o nacional como el Inpres (Instituto de Prevención Sísmica) debería ponerse mayor énfasis en la forma en que debe proceder la población ante un terremoto, a fin de que todas las acciones resulten coordinadas y la ayuda se implemente en forma ordenada y más efectivamente.

El vecino encargado de la cuadra o de la manzana constituye una figura clave a la hora de orientar a sus pares en las primeras acciones después de un sismo. Su capacitación y entrenamiento debería ser prioritaria, y en su elección deberían intervenir las uniones vecinales o agrupaciones de vecinos capaces de determinar quién es la persona más adecuada para esta tarea.
La realización de simulacros de sismos también son necesarios, para que la gente sepa perfectamente qué hacer en el momento preciso. Es conveniente que varias veces al año se concreten en edificios públicos como también escuelas u otros ámbitos públicos y privados.
El planeamiento y la diagramación de acciones ante un terremoto es previo al evento, pero luego se convierte en la base que asegura poner la población a resguardo y asistirla en todas sus necesidades.