La presencia de los Estados Unidos en la VII Cumbre de las Américas, que se desarrolla en Panamá y en particular el protagonismo del presidente Barack Obama, repercutieron en el contexto político mundial con una inusual aclaración de China acerca de que su creciente relación política y económica con los países latinoamericanos no intenta excluir ni afectar a la influencia estadounidense en la región.
Concretamente la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Hua Chunying, dijo ayer a la prensa que la relación entre China y América latina "no afecta, no excluye y no va dirigida contra las relaciones con otros países" tras la consulta sobre una posible competencia entre Pekín y Washington por incrementar su influencia política y económica en la América latina y el Caribe. Utilizando una terminología de estilo, remarcó que los vínculos se basan en un respeto mutuo y en la no interferencia en los asuntos internos de cada país. Es más, la funcionaria observó que las relaciones entre China y Latinoamérica ha traído beneficios y ha contribuido a la paz y estabilidad en la región.
Estas expresiones son en realidad una réplica -para ser interpretada como advertencia-, de China ante lo que considera una interferencia de EEUU en las disputas sobre una serie de islas e islotes en el Mar de la China Meridional, un área de litigio jurisdiccional con Filipinas y Vietnam. Las obras para ganar terreno al mar, fueron consideradas estratégicas por Washington, al difundir las imágenes satelitales. Obama observó al poder chino como un atropello a sus vecinos asiáticos para ejecutar trabajos y crear instalaciones en islas o arrecifes cuya soberanía está en disputa.
En víspera de la Cumbre panameña, Pekín aludió a estas vecindades con otra estrategia: Informó que China es ya el mayor financista de los países latinoamericanos y el artífice de grandes proyectos de infraestructuras, sobre todo en los sectores ferroviario, petrolero, minero, e hidroeléctrico. Señaló que sólo en 2014, China prestó a América latina 22.100 millones de dólares, una cifra que está por encima de los 20.000 millones de dólares que recibió la región por parte del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), según el informe de un centro norteamericano de estudios económicos.
Ahora las pujas geopolíticas se plantean en forma diplomática y mediática, para que el buen entendedor saque sus propias conclusiones o que las declaraciones se lean entre líneas.
