Prácticamente en todo el mundo se adoptan medidas para contener el brote del virus del Ébola, que hace estragos en África Occidental, siguiendo las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) al lanzar el alerta global.

En nuestro país el Ministerio de Salud de la Nación ha implementado un sistema de alerta, para lo cual ya se encuentran acondicionados los hospitales El Cruce, en la provincia de Buenos Aires y el porteño de pediatría Juan Garrahan, a la vez que solicitó a los gobiernos provinciales que destinen áreas específicas en sus establecimientos sanitarios.

Según el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, también las provincias participan en un sistema de vigilancia epidemiológica y de estrategia de control para la diseminación en caso de que el virus ingrese al país y deben informar cuáles son los nosocomios habilitados con la capacidad física y funcional que corresponde. Es decir, no sólo disponer de áreas para atender las eventuales sintomatologías sospechosas sino actuar con la celeridad que la emergencia demanda.

En ese sentido es importante respetar estrictamente los protocolos de prevención que incluyen a otros organismos oficiales, como el control en los aeropuertos de Buenos Aires con un filtrado para impedir el ingreso del virus. A esa vigilancia epidemiológica deben sumarse las verificaciones de las provincias, a fin de hallar prontamente aquel caso que pudiera haber pasado el primer control de las barreras aeroportuarias.

La gravedad de la situación la plantea el hecho de no existir ningún fármaco que frene al Ébola y menos una vacuna -hasta ahora en etapas de investigación-, aunque ayer una compañía farmacéutica china, en colaboración con médicos del Ejército de Liberación Popular, asegura haber desarrollado un sistema de rápida detección del virus del Ébola, en tanto ya llegaron a Liberia las dosis de suero experimental fabricado en Estados Unidos.

Se trata del medicamento ZMapp, nunca antes probado en humanos, a fin de suministrarlo a dos estadounidenses: el médico Kent Brantly y la misionera Nancy Writebol. Sin embargo, Miguel Pajares, el religioso español repatriado tras ser infectado por el virus también en Liberia, falleció el martes en Madrid tan sólo tres días después de empezar a recibir el mismo suero experimental.