Una fiscal pidió que una joven de 30 años sea alejada de su hija adolescente por el ‘grave riesgo y el estado de presión y desprotección‘ al que la sometió y la somete, por no creer cuando la chica denunció que su concubino la violó una noche de marzo de 2013, cuando tenía 12 años y en su casa festejaban la salida de la cárcel de un hermano del acusado. Tal fue el ‘entrampe emocional‘ con ideas ‘suicidas‘ de la víctima, que durante el juicio cambió su relato y declaró que mintió porque no la dejaban tener novio, aunque la fiscal sostuvo que ese era un síntoma más del abuso, y que la situación no era cierta pues la misma mujer había autorizado el noviazgo. Por eso la fiscalía concluyó que la chica, hoy de 14 años, intentó falsear los hechos inducida por su mamá, quien optó por proteger al hombre del que está enamorada y aún visita en la cárcel, informaron fuentes judiciales.
Eso llevó a la representante del Ministerio Público Alicia Esquivel Puiggrós, a remarcar ante el juez Ernesto Kerman (Sala II, Cámara Penal) la necesidad de dar intervención a la asesora de Menores, Patricia Sirera, pues los expertos que analizaron a la niña advirtieron el ‘daño psicológico y el mal pronóstico‘ que se avecina, de mantener ese vínculo perjudicial con su propia madre, precisaron.
Por el momento, los hechos apoyan a la niña. El acusado de violarla, el changarín caucetero José Luis Torres (22), seguirá preso: el juez Kerman ya lo condenó a 6 años de cárcel por la violación. La fiscal había pedido 12 años de castigo al considerar que el ultraje era agravado por la convivencia, pero el magistrado descartó que Torres viviera con la víctima bajo el mismo techo.
El juez desechó también la petición del defensor Leonardo Villalba de aplicar la mínima pena por el delito de abuso sexual simple (manoseos), el único delito que admitió haber cometido Torres, ‘borracho‘, indicaron. En su alegado, la defensa resaltó el informe médico sobre la ausencia de signos de violación y el hecho de que la chica admitiera una relación sexual previa con su novio.
Todo estalló el 15 de agosto del año pasado, tres días después de que la menor cumpliera 13 años. Esa vez se fue de su casa y recién se supo de ella por la noche, cuando pidió entre lágrimas ayuda en la casa de una amiga, a quien le dijo que se fugó porque Torres la había violado y seguía acosándola.
Eso mismo reiteró ante los policías que la habían buscado todo el día, pero entonces comenzó a lidiar con otro problema: su mamá no le creía. Cuando los psicólogos la entrevistaron concluyeron que la chica no mentía y que la fuga del hogar era uno de los tantas señales de los niños abusados, entrampados emocionalmente: la chica no quería decir nada porque sabía que su mamá estaba enamorada de Torres.
Otros indicadores detectados por esos expertos fueron que la chica se bloqueara como persona, se sintiera tratada como objeto, o que sufriera trastornos alimenticios, aislamientos, cambios de humor, irritabilidad, dolores de cabeza, llantos inmotivados, bajo rendimiento escolar (repitió de grado). Y, lo más grave, sus ideas suicidas.
Y con razón: un psicólogo describió a su madre como alguien ‘inmadura, insegura, inoperante, impulsiva, sin conexión con los problemas de su hija e incapaz de protegerla‘, dijeron voceros del caso.
El fallo aún no está firme.
