El cerrado régimen comunista de Corea del Norte no deja de sorprender con su escalada armamentista, no obstante el rechazo de la comunidad internacional y las advertencias de las Naciones Unidas de aplicar sanciones extremas por sus peligrosas experiencias militares que ponen en jaque a la paz mundial.

Las últimas transgresiones del gobierno de Pyongyang a los acuerdos sobre desarrollo y tenencia de armas de destrucción masiva, son la prueba nuclear realizada el 6 de enero pasado -una bomba de hidrógeno detonada bajo tierra- y el lanzamiento de un cohete de largo alcance, supuestamente para colocar un satélite en órbita, aunque las sospechas giran en torno a una prueba de misil intercontinental, una de las mayores ambiciones norcoreanas para amedrentar al mundo occidental.
El supuesto test misilístico global llevó a una reunión de urgencia del Consejo de Seguridad de la ONU, celebrada el domingo último, para tratar las graves violaciones norcoreanas y aprobar sanciones en respuesta a esta provocación, rechazada hasta por China, su principal aliado. Corea del Norte insiste en que el lanzamiento es parte de un programa espacial exclusivamente científico, pero muchos países lo consideran un ensayo camuflado para dotar al régimen de misiles intercontinentales capaces de transportar bombas atómicas hasta cualquier lugar del planeta.
Las alarmas han sonado tanto en lugares donde de alguna manera se justificaba el derecho de Corea del Norte a disponer de artefactos defensivos, como en las naciones que ven en ello una grave amenaza. Es así que Pekín ha manifestado su pesar por la insistencia norcoreana de realizar estos experimentos pese a la oposición internacional, en tanto para la Unión europea son graves acciones provocadoras.
Las mismas inquietudes tienen Japón y Rusia, pero la respuesta más concreta y preocupante la ha dado Estados Unidos, al anunciar su intención de desplegar un sistema antimisiles en Corea del Sur lo antes posible como parte de su rechazo a la amenaza de Pyongyang. Esta terminal de defensa aérea es de por si un tema polémico y justificaría las preocupaciones de China ante la posibilidad de tener un sistema de tales características tan cerca de sus fronteras, primera oposición política en la inestable y compleja trama de la convivencia mundial.