"Jugar este Mundialito es como estar jugando la Copa Libertadores". Así abrió la charla Miguel Sánchez, quien sabe más que nadie cómo hacerle frente a las adversidades. El hombre de 41 años que padece parálisis cerebral es director técnico de la "Fundación Cabot", de Rawson, y actualmente tiene a su cargo a más de 60 chicos de entre 4 y 11 años.
El coach contó que su profesión comenzó por su pasión por el fútbol y por querer ayudar a los pequeños más humildes de la zona. "Me apasiona el fútbol y como nunca me di el gusto de poder jugarlo, decidí hacer el curso de entrenador para ver como se hacían las cosas desde adentro" expresó. Y claro, el DT comenzó "desde abajo" tal cual él lo afirmó, primero entrenando en el Parque de Rawson con 5 o 6 chicos y después utilizando la plaza del barrio Buenaventura Luna en pleno corazón rawsino para realizar las prácticas. "Lo hice porque me gusta y para entrenar a mi sobrinito y a sus amiguitos, después se fueron sumando más chicos por eso ahora decidimos entrenar en la plaza del barrio para que sea más cómodo para todos", destacó. Para agregar más valor a su relato contó que nunca le cobró nada a sus dirigidos pues "uno hace lo que ama, no les puedo cobrar nada. Esto es todo para mí".
Miguel adquirió la parálisis cerebral a los pocos meses de nacer por un principio de meningitis, pero eso igual no le impidió que llevara adelante su vida normal. Hizo sus estudios primarios y secundarios y ya en su juventud decidió estudiar Abogacía. A su vez, trabajaba en un sanatorio médico pero al ser despedido entró en un bajón anímico que terminó echando por tierra sus estudios cuando le faltaba solamente un año para recibirse. La vida de Miguel tuvo demasiados vaivenes hasta que encontró su cable a tierra: el fútbol.
El primer torneo que dirigió con "sus chicos’ fue hace unos meses en el "Promocional de Desamparados". Después, gracias al apoyo de Yoni Arroyo (encargado de las inferiores en Sportivo) le llegó la invitación para participar del Mundialito por parte de la gente de Trinidad. "Todos pensaban que estaba loco cuando les dije que lo íbamos a jugar. Ni siquiera teníamos camisetas, entrenamos en una plaza, sin recursos y sin nada. Por es jugar este torneo significa mucho para nosotros" contó. Gracias a la donación de camisetas por parte de algunas entidades gubernamentales, Miguel y sus chicos cumplieron con los requisitos de jugar el Mundialito, o la "Libertadores" para ellos.
