El presidente ruso, Vladimir Putin, afirmó que su país no planea librar una guerra con nadie, aunque aseguró que existe un "orden mundial" en el que un líder le dice a otros lo que pueden hacer, algo que no le sentaría bien al gobierno de Moscú. De acuerdo a su pensamiento, la crisis ucraniana no la ha causado la Federación Rusa, sino que es una respuesta a los intentos de Estados Unidos y de sus aliados occidentales, que a su juicio se consideran vencedores de la guerra fría, y por ello intentan imponer su voluntad en todo el mundo.

Estos comentarios fueron las primeras opiniones públicas de Putin, luego de su reunión, el viernes pasado, con el presidente francés, Francois Hollande, y la canciller alemana, Angela Merkel, urgidos por la crisis en Ucrania para acordar una salida a ese conflicto que amenaza con generalizarse peligrosamente. Precisamente tanto Estados Unidos como la Unión Europea quieren dar una oportunidad a la diplomacia antes de adoptar nuevas medidas contra Rusia por su papel en Ucrania y exhortaron al líder ruso a deponer su hegemonía, que Moscú niega terminantemente.

En realidad Vladímir Putin ya está luchando por su estabilidad en dos frentes: en el interno, la crisis por la caída de los precios del petróleo ha sacudido la economía frenando drásticamente el crecimiento, a lo que se suman a las sanciones occidentales en represalia por el conflicto de Ucrania. En el ámbito externo Rusia no quiere mostrar debilidades en el contexto geopolítico, pero es un callejón sin salida, por ahora, para Moscú. Es así que si el plan de entendimiento francoalemán fracasa, se abren varias opciones, entre otras la de ampliar las sanciones económicas a Rusia, como plantea Merkel, o el envío de armas al Ejército de Ucrania por parte de los EEUU, incluso unilateralmente, sin los socios europeos como prevé Obama.

Debe recordarse que el castigo económico a Rusia y la ayuda financiera a Ucrania son el eje de la política Occidental desde que, en febrero de 2014, las protestas en Kiev precipitaron la caída del presidente Víctor Yanukovich, la anexión por Rusia de la península de Crimea y la insurrección prorrusa en el este del país.

Pero lo que está latente, es que 25 años después de la caída del Muro de Berlín, el fantasma de una nueva guerra fría parece haber regresado a Europa.