Santa Fe.- ‘Busquen a mis compañeros, están en el campo y se van a morir’. Esa fue la única declaración que hizo tras su captura Martín Lanatta, mientras permaneció en la comisaría de Cayastá. “Estaba muy golpeado y psicológicamente quebrado”, dijeron sus custodios.

“Caminaba dentro del calabozo de un lado a otro sin parar. Era una verdadera fiera encerrada”. Ésta fue la impresión que quedó en varios de los uniformados que el sábado pudieron estar cara a cara con Martín Lanatta minutos después de ser capturado en Cayastá.

Sólo en un momento detuvo sus pasos y fue para dirigirle la palabra a un jefe policial y pedirle por los entonces prófugos, su hermano Cristian y Víctor Schillasi. Mientras tanto, Lanatta clavaba la mirada en el rostro del efectivo.

Luego no hizo ningún otro pedido. No solicitó agua ni médico, ni nada. Pese a lo reducido del lugar de “alojamiento”, él siguió su caminata acompañado sólo por sus pensamientos.

“Lo vi psicológicamente quebrado. Era como que no quería más. El deterioro en su cuerpo era evidente, tenía lesiones en el rostro, y en sus piernas”, precisaron los testigos.

Fuente: diario El Litoral