La sólida presencia de Marcelo Tinelli en el velatorio de Néstor Kirchner y su sentido abrazo a la presidenta Cristina Fernández, se convirtieron en una de las fotografías destacadas de la semana pasada. Sentimiento que Marcelo refrendó con el levantamiento de sus programas y sobre todo emocionándose, dedicándole el envío y deseándole fuerza a CFK… desde una pantalla rotundamente opositora, para la que él trabaja. ¿Llamativo? Por lo menos.
No fue mucho, ni tan jugoso lo que habló Tinelli antenoche, es verdad. Pero en su brevísimo discurso, subrayó conmovido que le "encantó" haber estado en el funeral (no lo dijo, obvio, desde el regocijo; como algún descolgado pudo haber barajado). Y para muchos, ese enfático y repetido "me encantó" abrió otra lectura, mucho más allá de lo políticamente correcto o del sentimiento de ¿reconciliación? de partes, tras algunos roces que tomaron estado público (como el tema de la inseguridad, por ejemplo). El manifiesto Tinelli -acotado, pero manifiesto al fin- gana relevancia porque se erige sobre ese escenario de combate entre el el Grupo Clarín y el Gobierno nacional. Pugna de alto perfil si las hay, y de la cual el conductor más poderoso de la televisión argentina (otro dato nada menor, por supuesto) ha sabido mantenerse al margen, estratégicamente, y a contrapelo de la línea editorial de la casa.
"Qué te pasa Clarín ¿estás nervioso?". La frase que inmortalizó Kirchner bien podría re sumir también esta lectura sobre ese triángulo de intereses y poder -político y mediático- que disparó la famosa postal del abrazo. No es descabellado plantearlo, cuando Andrea del Boca -alineada K y protagonista de una tira de segunda línea del Trece- reveló ayer en C5N que "no les cayó bien (a los popes del medio) que yo participara en ciertos actos, y de alguna manera, con sutilezas, me lo hicieron saber".
Sea como fuera, lo cierto es que el abierto encuentro post-mortem para nada pasó desapercibido o indiferente. Que en absoluto es intrascendente. Y que, además, podría traer cola. El tiempo dirá.
