La apropiación del nieto de la titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, podría constituir un episodio más dentro de una extensa trama de complicidad civil empresarial con el terrorismo de Estado, de la que la localidad bonaerense de Olavarría fue claro ejemplo durante los años de la última dictadura cívico militar.
El nieto de Estela Carlotto, Ignacio Hurban (llamado así por el matrimonio que lo crió en Olavarría) es hijo de los militantes desaparecidos Laura Carlotto y Wilmar Montoya. Ignacio (Guido, como lo llaman los Carlotto) nació en cautiverio y fue entregado a una pareja de peones rurales por Carlos Francisco Aguilar, un conocido empresario rural en la zona de Olavarría, fallecido el pasado 26 de marzo.
El nieto recuperado 114 creció con el nombre de Ignacio Hurban junto a Clemente y Juana, que vivían en un campo de Colonia San Miguel (en Olavarría) y que no podían tener hijos. Si bien la Justicia debe determinar ahora cómo llegó Guido a manos de Aguilar, los aceitados vínculos que el empresario tuvo con las autoridades castrenses en aquellos años podrían dar algunos indicios.
Aguilar presidió la Sociedad Rural local, criaba caballos y se dedicaba a las actividades y competencias hípicas, en las que participaban también los oficiales del regimiento de caballería mecanizada de Olavarría. El empresario perteneció a las denominadas “fuerzas vivas” de la comunidad, participó en política en los años ’90 y en 2007 se candidateó a concejal por Olavarría por Unión-Pro.
Según la prensa de Olavarría, Aguilar fue titular del Consejo de Promoción Agropecuaria del INTA de Balcarce, vicepresidente del Club Atlético Estudiantes y expresidente del Centro de Equitación de Olavarría. “Las vinculaciones de Aguilar con los militares eran muy conocidas por todos acá. Desde que se conoció la verdadera identidad de Guido, hay gente que también expresa dudas sobre los orígenes de otros jóvenes”, señaló en diálogo con la agencia Télam Carmelo Vinci, titular de la Comisión por la Memoria de Olavarría. Y en ese sentido, señaló: “Aguilar era cercano a Ramón Díaz Camps (coronel, jefe de la Policía bonaerense en la dictadura) y se llevaba bien con el personal de inteligencia del regimiento”.
Ignacio se enteró de que era adoptado el día que creía cumplir 36 años, el pasado 2 de junio, según los papeles, y esa noticia lo llevó a hacerse los análisis de sangre después de una serie de indicios que, dijo, le hacían ‘ruido‘. ‘El día en que yo festejaba mi cumpleaños me enteré que era adoptado‘, dijo, tras señalar que fue ‘con una vuelta rara‘ como consecuencia de ‘cosas finas‘, como que alguien se hubiera muerto.
Aludió así a ‘Pancho‘ Aguilar, el dueño de un campo donde trabajaban sus padres de crianza y al que se señala con vínculos con los militares. Aguilar falleció este año y, al parecer, su muerte podría haber llevado a que Ignacio se enterara de que no era hijo biológico de quienes creía serlo. Télam.
