De todos modos, su personalidad no le permitió contenerse y el lunes pasado, con dos de las 10 preguntas de la consulta haciendo agua, acusó a la prensa independiente y a la oposición por cualquier cosa y dijo que a pesar del menor margen obtenido por el oficialismo, igualmente había ganado haciendo una analogía con el fútbol, respecto a que él esperaba que hubiera ganado 5 a 0, pero que los resultados eran de 2 a 0, pero que igual confirmaban una victoria.
Pero no es verdad de acuerdo a las evidencias. Si uno mira muy bien los resultados de la consulta popular, y tiene en cuenta todo el aparato de propaganda que usó el gobierno para inclinar la balanza por el SÍ, y si se considera que las preguntas estaban formuladas de manera inducida para que la gente responda por el SÍ, en realidad Rafael Correa perdió la consulta, o lo que muchos consideran, un referendo sobre su forma de gobernar.
Las preguntas 4 y 9, referidas a la reforma de la Justicia y a los contenidos de los medios de comunicación, obtuvieron hasta ayer martes, según el conteo oficial, más votos por el NO que por el SÍ y posiblemente la brecha se amplíe; lo que implica que los dos temas más importantes para el gobierno de Ecuador, que promovían la reforma de la Justicia por parte del Poder Ejecutivo y que censurarían los contenidos de los medios de comunicación a través de un órgano estatal que supervisaría todo aquello que considerase pornográfico, tendencioso, o violento, quedaron con respuestas insatisfactorias y un sabor amargo para Correa.
En las demás preguntas, el SÍ lleva ventajas, pero son tan leves que Correa ha quedado en ridículo habiendo cantado el sábado gloria antes de victoria. Lo importante será ahora ver el comportamiento que tendrá el Gobierno para acatar los resultados de la consulta popular; y velar para que no suceda lo que ocurrió con el referendo convocado por Hugo Chávez en 2007 que perdió, pero que a los pocos meses hizo como si no hubiera sucedido nada e implementó todas las políticas de espaldas a lo que el pueblo había manifestado en las urnas.
Lo importante, además, es que Correa no podrá seguir impulsando la Ley de Comunicación audiovisual con un órgano estatal para censurar y limitar a los medios de comunicación, proyecto sobre que el Congreso nunca se puso de acuerdo y sobre el que el presidente ecuatoriano había maniobrado a través de esta consulta popular para legitimar su intención de controlar a la prensa independiente.
Correa, por más que diga que ganó, y los resultados lo muestren levemente así, perdió. Le salió el tiro por la culata y es tal vez la mejor lección que el pueblo le ha dado a alguien cuya arrogante personalidad (y su popularidad) no le deja ver las diferencias ni apreciar la tolerancia, la pluralidad y la diversidad que una acción democrática de gobierno demanda.
