Las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO), celebradas el domingo último para elegir a los precandidatos que disputarán los comicios generales en octubre venidero, tuvieron el común denominador de la complejidad del mecanismo de sufragio y desorientación, cuando no molestias, de la ciudadanía.

A los inconvenientes del sufragante ante la diversidad de boletas y nominaciones, se sumaron los problemas de las mesas por denuncias de faltantes, falsificaciones y roturas de boletas, según los fiscales y los propios electores en varios casos, y finalmente el extenuante conteo destinado a tener las primeras cifras provisorias casi a la medianoche. Este operativo deberá esperar todavía una semana más para cerrar con los cómputos oficiales.

Estos hechos señalan que si bien nuestra democracia se ha consolidado en las últimas tres décadas como sistema de gobierno, no se modernizó su implementación, no obstante el mayor compromiso de la ciudadanía para definirse frente a los numerosos cargos en disputa -algunos desconocidos para la mayoría como las propuestas para el Parlasur- y casos como el de Catamarca volcados a una boleta de un metro y 20 centímetros de extensión.

La boleta tradicional ha dejado de ser funcional por la complejidad en el acto eleccionario y sin duda se debe buscar alternativas para evitar las anomalías denunciadas y la pesada tarea de quienes asumen una carga pública. La reciente experiencia vivida en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, para elegir a las autoridades del Gobierno porteño, recibió múltiples elogios por tratarse de un sistema seguro y rápido mediante el uso de la boleta electrónica única.

En las redes sociales tuvo eco la implementación de este recurso y hasta se sumaron centenares de miles de firmas con reclamos para el cambio en sitio Change. org para la reforma del sistema con miras a la convocatoria de octubre, mediante la utilización de la boleta electrónica. La otra alternativa es la boleta única, ya utilizada en Santa Fe y Córdoba, en las cárceles y en los consulados argentinos.

Estas variantes son las adecuadas para superar a la vieja boleta partidaria, pero sería difícil aplicar un nuevo sistema ante la proximidad de la nueva convocatoria cívica, ya que cualquier nuevo sistema lleva tiempo en la capacitación y equipamiento. Y también porque se debe modificar el Código Nacional Electoral, lo que requiere la aprobación de la mayoría absoluta de las dos cámaras del Congreso de la Nación.