Una empresa con principios no tiene final, reza un conocido slogan publicitario. Efectivamente, la experiencia demuestra el costo económico y el deterioro en la imagen de las empresas, por comportamientos contrarios a la ética. La falta de responsabilidad social ocasiona una pérdida de confianza traducida en disminución de las ventas. No es gratuito defraudar la expectativa social. Por eso, James Donnelly atribuye el creciente interés por la ética al haber tomado conciencia de que conductas reñidas con valores y principios, pueden resultar muy costosas para la compañía.
Las causas que demandan un mayor protagonismo de la ética son múltiples y variadas: 1- El haber olvidado que la finalidad de la empresa no es sólo el aumento de sus ganancias. La empresa está llamada a realizar una función social que es, fundamentalmente ética. 2- La evolución del mercado como generador de nuevos interrogantes éticos. 3- La aceleración del progreso técnico más cercano a veces, a la arrogancia que a la necesidad y poco proclive a reflexiones éticas; 4- Una mayor conciencia ecológica que reclama decisiones prudenciales y políticas de reducción de riesgos; 5- El haber entendido que la reputación corporativa es una ventaja competitiva, por ello la necesidad de vincularse con valores éticos y ganar así la confianza de la sociedad civil.
Todo ello confluye en la aparición de un concepto tan novedoso como desafiante: La Ética como instrumento de gestión de las empresas. El objetivo es generar confianza en el interior de la empresa y credibilidad en la sociedad. Se trata de darle estatuto institucional a la ética mediante programas formales, tales como: Declaración de Valores Corporativos (ideario de la empresa). Principios de actuación que explicitan las responsabilidades de la empresa hacia los grupos implicados. Comité de Gestión de Ética Empresarial e Implementación de un Código de Ética Empresarial, entre otras medidas. En el fondo son herramientas que permiten educar hacia adentro en los valores de la empresa y responder a las inquietudes y temores de la sociedad.
Nos detendremos en dos de estos Programas: 1- El Comité de Gestión de Ética Empresarial definido como grupo autorizado de carácter consultivo e interdisciplinario, creado para analizar, debatir y asesorar en la solución de conflictos éticos empresariales y 2- El Código de Ética que regula el ámbito de aplicación, los principios básicos de comportamiento dentro de la empresa, conductas que deben evitarse, obligaciones éticas para con la empresa, compromisos con terceros y hacia la comunidad.
Precisamente en su compromiso con la sociedad, las empresas cuentan con un nuevo paradigma: La ética de la responsabilidad, donde prudencia y precaución se convierten en el núcleo de la acción moral. Este nuevo paradigma coloca la responsabilidad social en el centro del debate ético. Responsabilidad que será mayor, mientras más poderosa sea la empresa y mayor sea el impacto de sus decisiones. Es el legado que nos dejó el filósofo alemán, de confesión judía, Hans Jonas: ‘La responsabilidad es un correlato del poder, de tal modo que la clase y la magnitud del poder determinan la clase y la magnitud de la responsabilidad”.
En definitiva, a mayor poder mayor responsabilidad ética, mayor credibilidad, mejor rentabilidad. Por lo tanto, apostar por la ética es un negocio rentable.
