Después de anotar su cuarto triple, asegurar la victoria sobre Serbia y hacer explotar el Orfeo Superdomo de Córdoba, Carlos Delfino levantó sus brazos al cielo y una tímida sonrisa se dibujó en sus labios. Solo él y su familia, comentó en una nota al sitio de Internet, Basquet Plus, saben lo que sufrió. Es que el ‘Lancha’, como todos lo conocen en el básquetbol, había jugado su último partido oficial el 1 de mayo de 2013 y desde entonces hasta ahora su vida fue un calvario del que salió cuando Sergio ‘Oveja’ Hernández, quien confía a ciegas en su talento, lo invitó a que se sumara a los entrenamientos del seleccionado que se prepara para los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro.
Curiosamente en el ‘Día del Trabajador’ de hace tres años, Delfino se quedó sin poder ejercer su trabajo. Es que esa noche, luego de lograr una volcada sobre Kevin Durant en el cuarto partido de los Playoffs, cayó mal y se fracturó el hueso Navicular, o escafoide. Luego fichó por Milwaukee Bucks, donde no pudo jugar y después por los Angeles Clippers, donde tampoco jugó y le rescindieron el contrato.
Sufrió siete operaciones. Llegó a pesar 115 kilogramos y sus expectativas de jugar se desvanecían paulatinamente. A los 33 años Delfino era un lindo recuerdo para el básquetbol, hasta que en su vida apareció el doctor Sandro Giannini, un traumatólogo italiano de 78 años, profesor de la Universidad de Bologna, quien (destaca Basquet Plus) le sugirió una operación que nadie antes le había ofrecido: ‘Acá no hay que poner, hay que sacar huesos’, dijo el facultativo. ‘Plata o mierd*’, pensó Delfino. Y el 11 de noviembre se puso en manos de Giannini. Apenas terminó la operación, Carlos se dio cuenta de que algo había cambiado.
Tuvo un yeso durante tres semanas y cuando fue a ver al doctor, éste le sacó el yeso y le ordenó que se fuera caminando. ‘No entendía nada -dijo Delfino-, no había llevado ni la zapatilla derecha. Giannini le dijo que empezara a mover el pie y volviera en un mes. Fue el 21 de diciembre. Con una muleta. Giannini lo retó. ‘Te dije que camines, sin nada’. El miedo paralizaba al deportista que no sentía dolor, pero no se animaba a caminar largas distancias. Algo que hizo en febrero y recién a mediados de abril comenzó a correr. ‘Ahora tengo que recuperar musculatura porque durante 3 años la pierna estuvo parada. Pero no tengo dolor’, cuenta el jugador que el pasado sábado se cargó al equipo sobre sus hombros y anotó 20 puntos (3/4 en libres, 1/3 en dobles y 5/8 en triples) en los 24 minutos que jugó y experimentó en carne propia la plena sensación de volver a vivir.
