Aunque el trabajo los obliga a enfrentar la muerte, incluso varias veces al día, no pueden acostumbrarse. Uno de los aspectos más intensos del trabajo policial es el de llegar primero a una escena de accidente de tránsito, constatar una muerte o enfrentar a los familiares. Dos experimentados policías contaron con crudeza esos encuentros directos con la fatalidad, en los que revelaron sus angustias y sus miedos al ver rasgos similares a familiares en los accidentados. En definitiva, expusieron sus costados más sensibles pese a la frialdad profesional a la que recurren en esas circunstancias.
Se trata de los comisarios Abel Hernández (48), quien lleva 27 años en la fuerza, y Oscar José Congui (45), quien tiene 23 de servicio. Ambos ofrecieron un doloroso compendio de cuánto afectan los siniestros viales a la comunidad, incluidos los policías.
Hernández: ‘Lo peor, ver a niños fallecidos’
‘Me tocó, en una guardia, acudir a seis accidentes fatales en una misma noche’.
‘Me miraba con los ojos perdidos. Los enfermeros la empezaron a atender, pero murió en la vereda. Era una chica que tenía 20 años y la atropelló un auto en Mendoza y 25 de Mayo. Yo era un oficial recién salido de la escuela y llegué primero al accidente porque andaba patrullando cerca. Fue mi primer encuentro con la muerte, allá por 1986, y aún recuerdo muy bien aquella mirada’, contó Abel Hernández, quien tiene una amplia trayectoria, incluida la jefatura en la División Tránsito y actualmente la de la Regional Capital.
‘Uno nunca se acostumbra a esto. Cuando llaman por un accidente sé muy bien lo que tengo que hacer desde el punto de vista técnico, pero el problema es cuando termina el trabajo y me relajo. Empiezo a pensar en la vida de esa persona, en sus familias, en que pudo ser mi hijo el que fue atropellado. Y ahí es dónde debe aflorar la fortaleza’, contó. Y agregó: ‘Si bien en la Escuela de Policía te preparan, el 50% de cómo afrontar estos momentos te lo da la calle. Es muy fuerte ir a tapar un cuerpo o desesperante cuando la víctima aún está con vida y querés que llegue rápido la ambulancia. Y después está la otra parte, la de ver a personas que sufrieron graves daños físicos y a veces tuve que hacer fuerza para evitar el vómito, por ejemplo’.
El accidente que más lo impactó fue uno que sucedió en 1992, cuando dos adolescentes murieron arrolladas por un camión-tanque en calle Sargento Cabral. ‘Eran gemelas y venían en moto. La parte de adelante del camión las pasó, pero giraron y no se dieron cuenta que aún quedaba el acoplado. El accidente fue a pocos metros de su casa y la familia llegó inmediatamente. Fue muy impactante y dolorosa aquella escena’, recordó.
Hernández confesó que muchas veces, al llegar a los lugares de siniestros, creyó reconocer rasgos de familiares entre las víctimas, generándole temores que solían paralizarle la boca del estómago. ‘Pero sin dudas, lo más fuerte es acudir a un siniestro y encontrar que hay niños fallecidos. Para eso nadie está preparado y hubo casos que me generaron shocks tan fuertes, que me afectaron durante días’, confesó Hernández, quien es papá de tres hijos.
Oscar Congui: ‘Varias me quebré y
no pude evitar llorar’
‘Debo confesar que pese a tantos años de servicio, varias me quebré ante las situaciones que me tocó vivir y no pude evitar llorar. El dolor de una madre con su hijo muerto en brazos, ver a personas que fallecen cuando intentás auxiliarla o hijos que perdieron a sus padres son situaciones tan fuertes desde lo emocional, que inevitablemente te afectan’, contó Oscar Congui, quien ha trabajado en distintas dependencias policiales y actualmente está al frente de la Comisaría 4ta.
Congui era un cadete aún cuando le tocó intervenir por primera vez en un accidente fatal. ‘Habíamos salido de la escuela y veníamos en el micro, cuando en Benavídez y callejón Ullum se produjo un accidente. El chofer paró y nos pidió que interviniéramos porque creyó que ya éramos policias. Un camión con piedra bola chocó contra una R6 y el impacto despidió a las dos criaturas que venían en el asiento de atrás. Cayeron entre las ruedas del camión y sólo recuerdo dos largas líneas rojas sobre el pavimento. Aquella madre buscaba a sus niños y yo no sabía cómo explicarle eso. Pasó en el ‘89 y lo tengo tan grabado en mis retinas, que la situación me duele aún hoy’, contó.
Para el experimentado policía, otro impacto que lo marcó fue un accidente que se llevó las vidas de un compañero y de una mamá con su hijo. ‘La mujer y su hijo iban en bici y los atropelló un auto, en la Circunvalación. Un patrullero asistió y estacionó en la banquina. Pero detrás vino un camión y se llevó por delante a todos. El patrullero explotó y murieron calcinados un compañeros y aquella mamá con su niño’, señaló.
Congui, papá de tres chicos, confesó que el apoyo familiar o de los colegas es clave para superar situaciones tan intensas. ‘Muchas veces ha pasado que mi familia mira el diario o la TV y te cuenta sobre tal o cual accidente y resulta que yo quizá fui el primero en llegar. Pero en algunas ocasiones, lo mejor es no hablar, para tratar de superar esos hechos lo más rápido posible’, cerró.
