Hay fechas que marcan a la gente. Y para el arquero mendocino Andrés Lavorante, el 31 de octubre no se le olvidará más. Es que hace 5 años atrás, la vida le daba el golpe más duro para un padre: la muerte de su hija. Ese fue un antes y un después para el Oso, que justamente en 2009 elegía San Juan para atajar y cambiar de aire. Le pasó de todo. Atajar, retirarse, dirigir, volver al arco para estar ahora en San Miguel, de Albardón, pero en el medio, Lavorante encontró la calma, el consuelo y el apoyo made in San Juan.

-¿Cuál el presente de Lavorante?

-Encontré la paz que tanto necesitaba de la mano de Alejandra, mi actual pareja, y del respaldo de amigos de verdad que sí aparecieron cuando más los necesité. Volví a atajar porque es lo que amo, pero todo va de la mano y soy un convencido de que San Juan me dio otra oportunidad.

-¿Qué cosas se te cruzaron en aquel 2009 en el que viviste experiencias devastadora?

-Yo había dejado Tres Arroyos a principios de ese año y en mayo salió la chance de Trinidad. Me vine buscando otro aire porque estaban las cosas mal en mi matrimonio y con la enfermedad de mi nena. En octubre pasó lo que pasó (la muerte de su hija) y fue como que de pronto me vi solo acá, sin muchos conocidos, Me costó porque además ví que muchos a los que yo había apoyado siempre, se borraron. Entonces apareció Don Albors (propietario de una empresa de cal) que me ayudó para poder estabilizarme. Me ayudó en todo, me dio un trabajo y todo su respaldo. Así empecé a sentir que podía salir adelante y ahora, podría decir que rearme mi vida gracias a Dios.

-El fútbol siempre estuvo presente ¿cuánto te ayudó?

-Creo que fue esencial. Atajé, fui campeón con Trinidad en el torneo local y después empezó la etapa como entrenador. Yo me recibí en 2002 y recién empecé a dirigir casi 10 años después. A mí me tocó andar en contramano parece en el fútbol porque cuando salió lo de Del Bono no era el mejor momento del club, después fui a 9 de Julio y todos eran chicos del club y en la temporada siguiente, llevaron un equipazo. En Aberastain, sufrí mucho porque quería hacer de todo y no podía. Además, como mí estilo es frontal, la dirigencia no me entendió mucho. Pero siempre busco esa chance de dirigir y enseñar.

-¿Pero por qué Lavorante no está dirigiendo ahora en un club?

-Yo no quería entenderlo pero no solo hay que ser bueno, sino también hay que parecerlo. Yo soy muy bajo perfil y no he armado una estructura para hacer conocer mis ideas, mi trabajo, mi planificación. Me duele saber que en el ambiente de San Juan no sepan cómo trabaja Lavorante. Esa falencia es mía, pero asumo que esa chance tiene que llegar porque sigo creyendo en lo mío y se que estoy capacitado.

-Contame ahora lo de San Miguel

-Me ofrecieron en algún momento dirigir, aunque yo dije que prefería rabiar como jugador a rabiar como entrenador. Así que volví al arco a los 44 años y soy feliz con lo que hago. Gracias al respaldo de los chicos del club, de Alejandra que me ayuda siempre y de Don Albors, que fue clave para que pudiera volver a estabilizarme.

-Queda poco para fin de año, ¿cuál sería tu deseo?

-En mi vida, seguir aprendiendo a ser feliz. En el fútbol, continuar disfrutando de atajar pero fundamentalmente, tener la opción de demostrar que me preparé para esto y que merezco una chance en serio.