Los partidos hay que jugarlos antes de ganarlos. Eso, lo saben todos en el mundo del fútbol y hoy, en Rodeo, desde las 16, este mágico e imprevisible mundo del fútbol puede que entregue otra muestra de que todo es posible cuando San Martín, el local, reciba a Sportivo Peñarol en la revancha de la serie final del TDI que tiene en ventaja al Bohemio de Chimbas con tres goles por encima de los rodeístos. Esa triple ventaja que obtuvo Peñarol en el partido de ida, lo puso con un pie en el Argentino B pero en Iglesia, todos saben que es otra historia y que con los efectos de la altura y el infaltable costo del viento que azota cada tarde, esa ventaja puede reducirse a la nada.

Para San Martín, el desafío es remontar ese 0-3 para poder llegar al menos a los penales, mientras que para Peñarol aún perdiendo por dos goles, podría meterse en el Argentino B nuevamente tras una temporada ausente. San Martín no dejó muchas aristas positivas en su presentación del domingo pasado. La experiencia del Tato González en el arco no alcanzó para equilibrar la balanza y perdió feo. En ataque, Milton Ramos no pudo mostrar su enorme talento en ningún pasaje del partido y lo mejor quedó reducido al trabajo criterioso de los Caballero en el medio. Así, el equipo de Rodeo fue presa fácil para la experiencia y el oficio que destila Peñarol en todas sus líneas. Empezando por el arquero Sebastián Domínguez quien podría subir, bajar y subir del Argentino B en un mismo año tras haber ascendido y descendido con Atenas Pocito y estar ahora a un paso de volver con Peñarol. En el medio, el trabajo de Leyes, el oficio de Carbajal, la categoría de Tello hacen diferencias. En tanto que arriba, la frescura del Pipi Salinas y la potencia de Pérez también suman. Peñarol depende de Peñarol, San Martín está jugado.