La simple experiencia de haber vivido en España unos años, le permitieron a la psicóloga Laura Noguera, observar con detenimiento e inclusive sorprenderse por los escasísimos semáforos en las calles de Andalucía. La misma reacción tuvo cuando se enteró que para obtener el carnet de conducir primero había que aprobar un intensísimo curso teórico-práctico obligatorio, pero de varios meses de estudio, que incluía una evaluación de las reacciones y de la capacidad de autocontrol en un simulador de manejo. Otro detalle que no dejó pasar por alto fue que el Instituto de Investigación en Tráfico y Seguridad Vial -dependiente de la Facultad de Psicología de la Universidad de Valencia- propuso y logró bajar los niveles de accidentología vial en su zona de influencia haciendo campañas de educación y no a través de la sanción a quien cometía un error en el manejo. Por supuesto que a la par que tomaba conocimiento de estas acciones, también las comparaba con la realidad del tránsito sanjuanino, el que momentáneamente había dejado a la distancia.
Todo este bagaje, ya de regreso a su tierra natal, fue usado como punta de iceberg para intentar desentrañar con un equipo de investigación de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Católica de Cuyo, cómo es el proceso de "aprendizaje, adquisición y mantenimiento de las conductas viales locales”. Lo que en definitiva querían saber Laura y sus colegas Claudia Iranzo Sánchez y Sonia Jazmín Salvador -bajo la dirección de María Lucía Quiroga Yanzi- era cómo manejan los sanjuaninos, para luego, hacer un aporte y diseño de estrategias preventivas desde su mirada profesional como psicólogas.
Así fue como con ayuda de un grupo de becarios de dicha universidad y con la colaboración de la empresa encargada de otorgar los carnet de conducir en San Juan -Emicar- encararon una encuesta para saber, entre otros detalles, qué consideraciones de importancia debe tener un conductor (daban como opciones estar atentos a las señales de tránsito, tener dominio del vehículo, manejar tranquilo, prever las maniobras propias y ajenas), cómo se siente al manejar (temeroso, seguro, tranquilo, nervioso, enojado) y si creía que los demás lo veían así (a quien contestaba positivamente le daba como alternativas por sus gestos, por las decisiones que toma, por sus maniobras y acciones, por lo que verbaliza). Además preguntaban qué conductas considera de riesgo (sobrepasar en curvas o línea amarilla, que el vehículo esté en mal estado, hablar por celular o escribir mensajes de texto mientras maneja, no tener experiencia en el manejo, conducir a altas velocidades, haber ingerido alcohol o drogas, participar en picadas, no colocarse el cinturón de seguridad, no respetar señales o leyes de tránsito), si teme sufrir un accidente de tránsito y si esto influye o no en el manejo. En el mismo cuestionario, se debía calificar en mayor o menor puntaje si manejaba siempre a la defensiva o a la ofensiva, si conocía las prestaciones del vehículo o no, si siempre es prudente con las maniobras o siempre hace maniobras arriesgadas, si conoce o no las señales de tránsito, si maneja lento, tranquilo o atento o usualmente lo hace rápido, distraído y nervioso, si maneja siempre mejor o peor que la mayoría.
Un total de 2.200 personas con carnet de conducir como requisito básico, sin importar en el tipo de vehículo, la frecuencia o el tiempo que lleva manejando, respondieron a la encuesta. La cifra representó un 10 por ciento de la población que pasó en el año 2009 -el año en que se tomaron las preguntas aunque las conclusiones son recientes- por Emicar con el objetivo de sacar por primera vez su licencia de conducir o renovarla. De ellos obtuvieron respuestas más que interesantes que les permitieron a las psicólogas proponer que no sólo se dé importancia o se exija "un conocimiento de vehículo y las normas de tránsito o de tener capacidades físicas a la hora de manejar. La gran falencia está asociada con la poca importancia que los conductores le dan a sus propias conductas y a los factores emotivos que los condicionan como determinantes de la realidad viales. Un aprendizaje significativo, basado en la comprensión reflexiva e integral de la responsabilidad del ser humano en el uso adecuado del volante, generaría modelos nuevos. Modelos que se podrían propagar en el resto de la sociedad a partir de la interacción constante que implican las situaciones de manejo. Es que el conductor debe asumirse como constructor de la realidad vial día a día, contrarrestando de esta manera su gran tendencia a considerar que está exento de cualquier riesgo. Es necesario considerar la conducta vial como una actividad social de responsabilidad compartida con otros ciudadanos, de manera que cada uno de los conductores se convierta en agente multiplicador del cambio, a partir de la percepción de sus propios errores”, aseguran las profesionales, quienes no descartan como un aporte positivo de esta investigación, la posibilidad de incluir un estudio psicotécnico -aclaran que no sea un simple test- en los exámenes para alcanzar el carnet de conducir y no sólo en las licencias profesionales. Hoy por hoy, en los aspirantes a un carnet común, sólo se hacen preguntas para develar antecedentes neurológicos por parte de un médico clínico y se deriva a una psicóloga en caso de encontrar alguna problemática, según explicó Ernesto González, gerente de Emicar. No se exige nada más.
Has lo que digo …
"Como profesionales de la psicología observamos en el análisis de las encuestas que las personas expresaban desadapataciones o distorsiones entre lo que hacen y lo que consideran que "debe ser” a nivel de manejo. Por ejemplo un 48,23% de las personas señaló como respuesta que maneja seguro y tranquilo, pero ante otra pregunta dijo que esta conducta no se manifestaría en su accionar; a su vez de ese mismo porcentaje que maneja seguro y tranquilo, un 7,96% aseguró manejar peor que la mayoría, entonces deja como inquietud si puede hacerlo tan seguro y tranquilo. A su vez, un 62,20 % dijo no poder prever maniobras propias o ajenas, mientras que casi un 35% reconoció manejar a altas velocidades, lo que puede implicar un alto nivel de agresividad que dista de la tranquilidad manifestada. Un 46,90 por ciento también dijo que tenía miedo de sufrir un accidente, aunque esto no influía en su conducción. Esto deja en evidencia una negación del sentimiento del miedo y la disociación entre la fantasía del control de las emociones y la seguridad en el manejo. Un 58,9% apuntó a que ingerir alcohol o drogas son conductas de riesgo, mientras que casi un 40% apuntó a que lo más grave era hablar por celular. De ellos un 47% dijo manejar a la defensiva, esto es cuidando a los demás para evitar accidentes, pero ¿cómo puede hacerse esto tomando alcohol o hablando por celular? Todo esto demuestra que se contradice el sentir y el actuar, es decir que no se toma conciencia entre la correlación que existe entre cómo el conductor se siente y la maniobra que realiza”, concluyen las psicólogas, entre miles de ejemplos más como resultante de su trabajo.
