Vive la historia y la disfruta. Para Luis Alberto Romero, los acontecimientos históricos están relacionados con la vida cotidiana. Su padre fue uno de los historiadores argentinos más reconocidos y ahora su esposa y su hija se dedican a lo mismo. Es uno de los investigadores principales del Conicet y llegó a San Juan para recibir la distinción más importante que otorga una universidad. Fue declarado Ciudadano Ilustre de la ciudad de San Juan y de Pocito. Directo, sencillo, con una lucidez envidiable, Luis Alberto Romero no sólo vino para recibir estas distinciones, sino también dar charlas en la Facultad de Filosofía de la UNSJ, que es la institución que ayer le entregó el Doctorado Honoris Causa. Dirige el Centro de Estudios de Historia Política y esto lo lleva a hacer un análisis profundo del momento que vive el país. Todo desde su mirada de historiador. Reconoce que hay próceres que están olvidados, como Domingo Faustino Sarmiento, y hace una autocrítica al admitir que los historiadores deben esforzarse más por llegar a la gente.
-La Argentina se caracterizó en el siglo XX por la reiteración de las crisis económicas. Pero después del 2001 entramos en una etapa de crecimiento económico sostenido. Esto es en parte un problema porque ahora el desafío es hacer que todos participen de este crecimiento. Curiosamente, este país nunca había tenido un bolsón de desocupación como el que tiene desde hace 30 años. Hoy el trabajo dejó de ser una meta para los jóvenes. Este país es rico, pero está dividido en dos, como sucedía con los países latinoamericanos. El gobierno actual no plantea proyectos para el futuro. Además, para construir la democracia se necesita ciudadanos, y la escuela pública ya no cumple esta función.
-Soy un admirador de este prócer. Pero en gran parte del país, desde principios de siglo XX, Sarmiento fue el chivo expiatorio de una línea política que le adjudicó todos los males del país, de manera injusta y casi grosera intelectualmente. Pero hasta los años "60 al menos se lo discutía. Hoy se lo ignora. Para el centenario de su muerte, en 1988, en Diputados no aceptaron homenajearlo por ser una figura controvertida. El año pasado, para el Bicentenario de la Patria, el Gobierno ni si quiera lo tuvo en cuenta en la gran alegoría de la historia argentina que hicieron.
