-¿Raúl o Huevo?
-Huevo.
-¿Por qué huevo?
-Mi tío me lo puso cuando era chico. Tenía la cabeza pelada y de ahí me mandó el huevo. Me cae mejor que mi nombre.
-¿Con qué la compararías a esta amargura por la lesión?
-Con el descenso con Douglas Haig en el 2007. Soy hincha del club, nací en la ciudad y esto me marcó mucho. Bajamos del Argentino A al B y eso me tocó mucho.
-¿Le tenés miedo a la operación?
-Hablé con mi hermano más grande, Cristian, que también lo operaron de los cruzados y me explicó cómo era la historia. Me sacó un poco el miedo y eso me tranquilizó. Él jugaba en las ligas locales de Pergamino y le pasó lo mismo.
-¿Buen o mal alumno?
-Vago. Estudiaba lo justo y un poco menos también (sonríe).
-¿Un vago leal o de copiar también?
-De copiar, obvio. Por suerte nunca me pillaron.
-Si no hubieras sido futbolista, ¿qué?
-Es algo que muchas veces me pregunto y no le encuentro una respuesta. Si no hubiera jugado, soy consciente que hubiera estado al horno.
-¿La primera novia?
-La actual, Antonella. Hace cinco años que estamos juntos.
-¿Cómo la conociste?
-Ella iba al colegio de mi hermano y como estaba cerca de casa, siempre me la cruzaba. Yo iba a hacer los mandados y un día un amigo mío se puso de novia con una amiga de ella y ahí enganchó.
-¿El DT que más te marcó?
-El de Douglas. El Gallego Pérez, fue el que me puso en el Argentino A con 17 años. Además, el me habló de qué debía cambiar para ser futbolista.
-¿No te lo tomabas muy en serio a ser futbolista?
-En ese momento no. Iba y si jugaba bien y sino, ya sería en la próxima. Un día me habló y eso me hizo el famoso clic. Aunque la verdad que siempre fui medio vago, incluso en el fútbol.
-¿El DT que menos te marcó?
-En Atlanta, Nigretti. Era de Lanús y justo se fue conmigo cuando yo pasé a Atlanta. Desde el primer día que caía en Atlanta todo anduve mal, pese a que en Lanús nos llevábamos bien.
-¿Hubo algún cruce feroz?
-En un partido contra Tristán Suárez, a los diez minutos vienen y me echan. Justo se había hablado que si perdíamos, lo echaban y terminamos perdiendo. Al otro día en la práctica me mandó al frente en la charla con el grupo en medio de la cancha. Le contesté y estuvo picante la conversación durante un buen rato.
-¿Un defensor que te tenía alquilado?
-Izquierdoz, de Lanús. Era duro, rápido y me tenía junado que siempre salía para afuera. Era un martirio.
-¿Se vive bien a este nivel?
-Sí, se vive cómodo. Podés vivir, hacer un ahorrito. Quizá en Nacional B también, pero debés ser uno de renombre. Ya en Argentino A o B Metropolitana no te alcanza el día a día si tenés familia.
-¿El primer sueldo lindo?
-A los 17 años en Douglas. Eran cerca de 700 pesos. Era una fortuna para mí que no hacía nada. Me lo gasté en ropa, cosas con las que se me iba rápido.
-¿Qué no puede faltar en el ropero del Huevo?
-Unas buenas zapatillas y un buen jean.
-Si por un minuto fueras periodista, ¿qué le preguntarías y a quién?
-A Luis Zubeldía, ¿qué me faltó para poder jugar en Primera con Lanús?
-¿Y qué pensás que te respondería?
-Que aflojé cuando menos debía. No fui el mismo cuando subí en el 2008 que cuando hice la pretemporada a principio del 2009. Cuando llegué al plantel de Primera creí que metiendo un buen partido ya me aseguraba para el resto y no es así. Es cierto eso que es más difícil mantenerse que llegar.
-¿De viejo dónde te ves?
-En Pergamino. Tengo todo allá. Voy a andar por el mundo mientras juegue, pero después vuelvo a la ciudad.
-¿Miedo a la muerte?
-Sí. Creo que todos le tenemos miedo, la diferencia pasa por ahí por decirlo.
-¿Alguna enfermedad de la que te asusta morirte?
-De cáncer. Dos abuelos míos murieron así y lo viví muy de cerca. Eso me pegó mucho y lo padecí de manera muy fuerte.
-¿Qué te llevarías al cajón?
-Una foto de mi familia y con mis hijos, si es que tengo en el día de mañana.
-¿Cómo le ponemos al epitafio en la lápida?
-El Huevo Quiroga, nada más.
