La vuelta de Tevez a la selección fue cuestión de estado tras su ausencia en el Mundial. A Carlitos, le dolió estar afuera pese a que de la boca para afuera no lo demostrara. Por eso, su regreso era más que especial y mucho pesaba todavía esa amarga decepción ante Uruguay en los cuartos de finales de la Copa América 2011 cuando Carlitos erró la Celeste. Pesaba y mucho pero Tevez, acostumbrado a pelearle a la vida, sabía que algún día tendría su revancha. Y se le dio cuatro años después en otra Copa América y por penales. En el tiro más decisivo de todos. Y Carlitos le puso el pecho. Entró faltando apenas 15 minutos y tuvo su chance en una pelota de Banegas que guapeó a lo Tevez pero no alcanzó para ser gol. Llegaron los penales, la primera serie que terminó empatada y después el uno a uno infartante. Lo esperó Carlos, lo quería y sabía que ese debía ser su momento. Por eso cuando todos festejaban el penal errado por Colombia, Tevez supo que era ese su momento.
Encaró, lo preparó y definió con la misma certeza que le da su estilo. Lo gritó después con todas las ganas y con esa furia contenida que guardó por cuatro años para sacarse de encima la espina de haber errado ese penal contra Uruguay. Era su momento. El de la revancha que tanto habrá imaginado.
Fueron cuatro años de amarga espera. De imaginar ese momento que tanto marca en la carrera de un futbolista que ya subió a la categoría de ídolo. Carlos supo esperarlo y el fútbol le dio su revancha.
