Rubén Ramos logró meterse en la historia grande del ciclismo al quedarse ayer con la clásica Mendoza-San Juan siendo un pedalista joven. Su emoción la demostró con lágrimas después de cruzar la meta y tuvo tiempo de un recuerdo especial. “Siempre le pedí a mi abuelo y a mi tío poder ganar una carrera de estas”, contó el ciclista con lágrimas en los ojos mientras gente del equipo y allegados se arrimaban a saludarlo una y otra vez a lo que el Polillita respondía amablemente.

“Esto es todo lo que sueña un ciclista, siempre había soñado con ganar una clásica como la Mendoza-San Juan y ahora se me pudo dar. Este año empecé en el circuito de 9 de Julio bien, enganchamos una fuga, intenté en el final pero me engancharon en los últimos 200 metros y me ganaron la carrera. Por suerte esta vez fue diferente. Admito que me faltaba un poquito de fe pero levanté la cabeza y puse en mi mente que si podía lograrlo. Ataqué 200 metros antes del final, antes de doblar, y ahí lo vi a Damián Heredia que había partido, entonces calculé mi distancia y me mandé”, explicó el ciclista de Palmar del Lago.

“Esto es una alegría enorme poder ganar esta clásica porque la venimos peleando desde hace mucho con mi familia y esto es una forma de agradecerles a ellos”, cerró.