El alineamiento de los electrones en capas, alrededor del núcleo de un átomo, y la exclusión entre ellos, impidiendo que se solapen uno sobre otro, fue explicado por el físico teórico cuántico Wolfgang Ernst Pauli, definiendo el Espin (medida de la dirección de giro sobre sí mismo de los electrones) y una Fuerza de Intercambio que impide que los electrones colapsen alrededor del núcleo.

En base a esas interpretaciones, en 1925 formuló el Principio de Exclusión que permitió descubrir satisfactoriamente la estructura de todos los átomos conocidos y ordenar los elementos químicos, según los electrones de sus órbitas, en una Tabla Periódica. La Teoría Cuántica, poco a poco, iba develando la estructura íntima de la materia.

En 1945, Pauli obtuvo el Premio Nobel de Física, a propuesta de Albert Einstein, quien lo consideraba su "’hijo intelectual”.

Pero Pauli, además de la física, estaba fascinado por descifrar la inteligencia nocturna inconsciente que actúa durante el sueño y su relación con la obtención de conocimiento. Quizá porque poseía la extraña habilidad de averiar equipos técnicos o echar a perder experimentos, simplemente acercándose a ellos, combinó el estudio de la Física con el de la Psicología y la Filosofía. Por esa capacidad conocida como "’Efecto Pauli”, hasta un amigo suyo, el físico experimental Otto Stein, le prohibió acercarse a su laboratorio.

Lejos de molestarse, Pauli intentó dilucidar el significado de esas coincidencias pues entendía que materia y espíritu no eran independientes como en el siglo XVII afirmó Descartes. Se relacionó con el psiquiatra Carl Jung, colaborador de Sigmund Freud y, más tarde, en discrepancia con las ideas freudianas, pionero de la Psicología profunda.

Jung acuñó el término Sincronicidad para describir la coincidencia de dos o más sucesos que excede a la casualidad y a la que no le hallamos explicación. Por ejemplo, pensar en alguien y encontrarlo, el "’efecto Pauli”, descubrir algo inesperado (caso de la sacarina, teflón, celofán) ó soñar la solución a una incógnita (ciclo del benceno por Kekulé). La Historia está llena de estas coincidencias, en distintos ámbitos y épocas.

Es como que al lenguaje de la Física y de la Psiquis se le añadiera un tercer lenguaje donde la conciencia influye en el comportamiento material de lo que observa. Desentrañar ese mensaje oculto de la sincronicidad, llevó a Jung a pensar en la existencia de un inconsciente colectivo, al que definió como una matriz de energía dotada de arquetipos ancestrales, que inyecta a los seres vivos información que entrelaza lo aparentemente fragmentado.

Mientras Pauli y otros físicos cuánticos, demostraban experimentalmente una comunicación instantánea de las partículas de la materia, que perdura cuando se las separa a varios Km. de distancia y las hace sintonizar en el tiempo-espacio, semejando tener conciencia y recordar que una vez estuvieron juntas, Jung pensaba que de igual modo, las partículas que conforman al ser humano también parecen seguir las extrañas leyes de la Mecánica Cuántica. Como si después del Big Bang, la materia al expandirse, originó partículas unidas eternamente.

Las sincronías de ondas cerebrales en personas que se aman, según el Electroencefalograma, parecen confirmarlo.

Estudios del bioquímico Sheldrake, muestran que simios de una isla, hacen lo mismo que los que habitan en otra isla lejana, de generación en generación. Una transmisión sincrónica de conductas que también estudió en humanos.

De acuerdo a estos estudios, los seres humanos parecemos ser una síntesis equilibrada, entre la causalidad estudiada por la física clásica y la sincronicidad cuántica. Sin embargo, Einstein descreía de estas interconexiones a distancia de partículas, descriptas por la Teoría Cuántica y las llamaba "’acciones fantasmales”.

Famosa es su discusión con Bohr, quien afirmaba que cuando se busca determinar la posición de una partícula, midiendo su velocidad, la acción del observador al medirla, modifica el resultado, aceptando un mínimo umbral de incertidumbre.

Lo que pasa es que sus teorías de la Relatividad, si bien se alejan de la mecánica clásica, respetan algunos de sus postulados. Se basan en que las cosas existen en una forma definida en el espacio-tiempo. Son deterministas y válidas en el mundo macroscópico.

La Teoría Cuántica admite probabilidades de manifestación de las partículas en infinitos puntos, la comunicación e información instantánea entre ellas y la influencia del observador en sus comportamientos. En la intimidad de la materia, las suposiciones cuánticas se van confirmando, y han permitido descubrir un Universo fluctuante y creativo. Muchas probabilidades permanecen aún en la esfera de los enigmas, como las coincidencias de sucesos, muchas veces en la frontera entre el sueño y el estado de vigilia.

Un amplio panorama para la investigación apasionada de los científicos modernos y la posibilidad de que lo probable, algún día, se transforme en certeza. Para muchos seres humano, la esperanza de que el entrecruzamiento cuántico entre partículas, muestre el brillo del hilo con que un Ser Superior tejió el Universo.

(*)Licenciada en Bioquímica.