La Selección argentina -dándole forma a su mejor partido en la Copa América Centenario- goleó 4 a 0 al local Estados Unidos y se instaló en la final del próximo domingo. Su rival saldrá esta noche tras el partido Chile y Colombia. Anoche fue una sinfonía argentina. Con una ofensiva a puro festejo, incluyendo un golazo de Messi de antología de tiro libre. Con agresividad en la marca (el local no pateó al arco en todo el partido). Y con un juego vistoso y rendidor. Un combo de virtudes que fue imposible de contrarrestar para el local.
Si el otro día, ante Venezuela, el partido se destrabó rápido (Higuaín hizo el gol a los 8’) anoche el tema fue más cómodo aún porque el gol del Pocho Lavezzi se dio a los 3 minutos. La pelota derivó en Banega, quien metió el centro atrás y fuera del área para Messi. Este, casi sin mirar, metió un pase por alto para la entrada de Lavezzi. El Pocho arqueó su cuerpo y la cabeceó perfecto por sobre el arquero Guzan. Golazo.
Después, el local emparejó en parte el trámite de juego. La etapa se dividió en tres partes. En el primer cuarto de hora se dio un concierto de fútbol asociado y dominante de la Argentina. En los segundos 15 minutos, ese equilibrio mencionado. Y en el último segmento otra vez la Albiceleste fue dueño absoluto de la pelota. Hubo, eso sí, un momento determinante. A los 31’, se dio un tiro libre. Messi, parado como único ejecutante, miró y tiró. Le salió combado. Al palo del arquero. Un tiro descendente que se coló en el ángulo. Increíble. Golazo por donde se lo mire. A lo Messi.
El local no tiró los guantes. Trató de dar batalla. Pero, sin la pelota, no pudo hacer nada. Es que si en ataque la Argentina se movió rápido y con criterio, en defensa lo hizo con orden y presión. Entonces la pelota fue su exclusividad.
Si el cachetazo del inicio del primer tiempo le cayó mal al local, el gol de Higuaín a los 4’ del complemento fue un golpe de nocaut. En realidad, en ese momento terminó el partido. Lavezzi metió un centro cruzado al vacío y el Pipita se despachó con el tercero. Lo que quedó estuvo casi de más. Sólo quedó el cuarto, de Higuaín.
