Desde que la medicina moderna generalizó el trasplante de órganos como recurso para prolongar la vida a enfermos generalmente terminales, la Argentina mostró el perfil solidario de la población superando en 2012 la tasa anual de 15 donantes por millón de habitantes. Ese índice ubicaba a nuestro país en el liderazgo regional y lo situaba en los primeros planos de la estadística mundial, pero esto duró poco.

Ahora la respuesta es de 13 donantes por millón, mientras crece la demanda con 11.246 inscriptos en espera, de los cuales 7.754 necesitan órganos, otros 6.141 esperan trasplantes renales y 3.492, tejidos, como el caso de córneas. De acuerdo a datos oficiales, en lo que va de 2015 se ha realizado 141 trasplantes de órganos y hubo 59 donantes reales, mucho menos de los requeridos por el Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (INCUCAI).

Esta demanda irá en aumento, tanto por razones demográficas como por el crecimiento de la enfermedad renal en todo el mundo, principalmente por la diabetes y la hipertensión arterial. El año pasado estos casos aumentaron en nuestro país en la lista de espera. Hay más de 6.000 pacientes aguardando la oportunidad de ser trasplantados y 28.000 personas están dializadas en el país. Los que esperan ser trasplantados representan el 22% de ese total, mientras que en los últimos años llegaban al 19%, según el titular del organismo coordinador, Carlos Soratti.

Este balance implica un desafío del INCUCAI para promover la disponibilidad de órganos y tejidos ante la creciente demanda, teniendo en cuenta que la fuente principal es la que se obtiene después de ocurrida una muerte mediante la figura del donante cadavérico. Para ello se debe contar con el visto bueno de la familia, de acuerdo a la ley 24.193, más conocida como ley del donante presunto, que establece que los mayores de 18 años se convierten en donantes tras su fallecimiento, salvo que expresen formalmente lo contrario.

Esta coyuntura permite que más de 500.000 de argentinos decidieran rechazar la norma, mediante un documento personal dirigido a las autoridades. De todas maneras no es una cifra significativa si se la compara con los 2,5 millones de ciudadanos que han expresado la decisión de donar, en tanto mucha gente que mantiene miedos y prejuicios vence la reticencia por cuestiones personales, anímicas, sociales y religiosas, gracias a la mayor información que se difunde para actuar de manera solidaria y altruista.