No es un delirio, ni un chiste, tampoco es algo nuevo, ambas cuestiones se pensaron, habrá que ver qué pasa por estos días y si alguien se anima reflotar alguna de esas ideas. El viernes el gobernador José Luis Gioja dijo en Cadena Provincial que la creciente que azotó la villa cabecera del departamento Sarmiento fue la más importante de la que se tenga memoria. Pero no la única, y tampoco se sabe si será la última. Lo más seguro, lamentablemente, es que vuelva a ocurrir. El problema de esa localidad sarmientina es el lugar donde está emplazada: la punta de un embudo donde inevitablemente cae el agua que corre a su alrededor. Luego del drama por el que pasaron los vecinos de Media Agua, ¿será tiempo de reflotar y ponerse a pensar seriamente en las propuestas del título en este artículo? Dicen que son las únicas que saldarían los problemas definitivamente, aunque, obviamente, ninguna de ellas de fácil acceso. Hasta ayer los evacuados eran más de 450, todo un récord para un drama de este tipo. A esas personas hay que asistirlas sanitariamente, hay que darles de comer y hay que apoyarlas psicológicamente; además de construirles casa nueva, por supuesto. ¿Es este drama menor al que acarrearía una "mudanza masiva" a una zona más apta para desarrollarse? ¿Es un muro de 60 kilómetros por 100 metros de ancho, más caro que la logística que provocan los inundados de esta última crecida? Según se conoció, se han gastado ya 3,3 millones de pesos en asistir a poco más de 600 damnificados por las lluvias en 6 departamentos de San Juan sólo en un mes. Mientras esas preguntas buscan respuestas, puede estar nublándose para volver a llover e inundar otra vez el lugar.
La Villa Media Agua concentra entre el 50 y el 60% del total de la población del departamento Sarmiento, que según el censo 2010 llegó a 22.182 habitantes, colocándose en el puesto 8 de los distritos que más crecieron poblacionalmente entre censo y censo (2001 – 2010). Hay, en Media Agua, unas 2.100 casas, según cifras proporcionadas por funcionarios municipales. Uno de los principales problemas para la administración del departamento es la distancia que existe entre localidad y localidad: la más cercana a Media Agua está a 10 kilómetros, por ejemplo. De esas 2.100 viviendas que hay en la villa cabecera sólo fueron afectadas unas 400, a números muy preliminares, ya que todavía no se puede hacer un estudio pormenorizado por, justamente, la cantidad de agua que sigue sin filtrar dentro de las viviendas. Las napas freáticas están demasiado cerca de la superficie, a unos 40 o 50 centímetros, por tanto, los vecinos tienen serios inconvenientes con los pozos sépticos, que se rebalsan por las filtraciones de las napas que, a su vez, se contaminan con los líquidos de los pozos. Hay salitre en la mayoría de los terrenos, por obvia consecuencia, aprovechar la tierra para desarrollar proyectos agrícolas esa zona es bastante difícil, por no decir imposible. En resumidas cuentas, la Villa Media Agua es un lugar difícil para vivir. Además, esa zona, tiene un par de problemas adicionales que acomplejan bastante el cuadro: la población se asentó en la base de un embudo. Todo el terreno que está alrededor está más alto, cuando llueve en los cerros, el agua baja con velocidad y termina depositada sí o sí en esa zona. Sin ir más lejos, tardarán varios días en sacar el líquido que inundó las viviendas en la crecida de esta semana, ya que como el terreno es plano, casi sin inclinación, el agua tiende a asentarse. Hay que sacar el barro con bombas o esperar a que el agua evapore, todo un drama que hace muy lenta la recuperación de los terrenos ganados por el agua. No hay forma tampoco de cuantificar las pérdidas: hay personas que perdieron hasta la casa, otras a las que el agua les arruinó muebles solamente y otras a las que el barro le socavó las paredes de las precarias construcciones. Ni hablar de la producción: en el Ministerio de Producción calculan que hay 300 hectáreas productivas bajo el agua. Todavía no pueden saber el nivel de daños, porque ni siquiera pueden entrar a las fincas, por el barro. Es decir, la cuantificación sólo se puede medir hoy en personas evacuadas y gastos para asistirlas, pero falta mucho que destapar y cuando se destape, la cifra se va a inflar seguramente.
Soluciones, varias
Al consultársele al intendente Alberto Hensel por la solución del problema, no dudó: un murallón de contención de unos 100 metros de ancho por unos 50 o 60 kilómetros de extensión, que corra desde El Cerrillo, en Pocito, hasta el denominado Canal 4, en el departamento Sarmiento. Ese murallón detendría literalmente el agua que baja de los cerros y evitaría que llegue a la Villa Media Agua. Habría luego que encausarla para que siga hasta la zona de las Lagunas, para que no termine en algún otro centro poblacional o en fincas. Es un proyecto sumamente ambicioso que hasta el momento no tiene ni siquiera costos, porque nadie se animó a mandarlo presupuestar. No hay, al menos que se conozca, intenciones de empezar a trabajar en ello, ya que todos están abocados a lo más urgente, que es solucionar el problema de los más de 450 evacuados, pero es un tema que, prometen, comenzarán a charlar. Veremos qué ocurre.
La otra, que en algunas gestiones se charló, pero que el Intendente no analiza en este momento por su dimensión, es la idea de ir cambiando el casco urbano y los pobladores a zonas más altas o de menos exposición a las crecientes. Es decir, ir mudando a los vecinos de Media Agua hacia otros lugares, lo mismo que el municipio, la Iglesia, dependencias provincias y de seguridad. Y de esta forma, ir obligando, sin hacerlo bruscamente, a los mediagüinos a cambiar de terreno. "Si a los vecinos les damos unos 500 metros cuadrados y algunas mejoras en sus casas yo creo que va a funcionar", dijo un funcionario que pidió reserva de fuente esta semana. Puede que tenga razón. No hay antecedentes recientes de un movimiento similar, para tomar como antecedente, lo que no cuenta para argumentar una negativa a la idea. Por lo que se sabe, y es de esperar, alguna vez se les consultó a pocos vecinos y la mayoría dio un no rotundo como respuesta. No se los sedujo con ningún beneficio tampoco, y habrá que ver cómo reaccionan si es que se les invita de otra forma, por supuesto.
Tienen también, si se comparan las ideas una con otra, un costo político distinto: el murallón es solamente dinero y gestiones, lo de la "mudanza masiva" acarreará debates interminables y costos políticos incalculables. ¿Alguien se animará a enfrentarlos? Está claro que un movimiento de este tipo no se hace de un día para el otro. La cuestión puede demorar décadas, pero bien valdría la pena al menos estudiarlo, para evitar que vuelva a ocurrir el drama que se vive por estas horas en esa zona.
Cualquier idea es bienvenida, dicen en Casa de Gobierno, aunque saben bien cuáles son las salidas que quedan, ya que no son muchas. Gioja se mostró sumamente preocupado por el tema, y lo manifestó sin tapujos el viernes en la noche al utilizar la Cadena Provincial para contar que el Gobierno tiene el control de la situación y que se está trabajando en solucionar lo más urgente. También, hay que admitirlo, se reunió inmediatamente con parte de su gabinete para tomar decisiones y acciones de forma inmediata, cuestión que se hizo. Una vez que baje la espuma de lo urgente, se verá si se ponen a trabajar en alguna de las ideas expuestas más arriba que, dicen, son las únicas que quedan, por ahora, para no tener que volver a sufrir otro enero de terror como el que ya se fue
