Cuesta asumir las derrotas, porque todas duelen y van minando las resistencias anímicas, que en estos casos son más importantes que las físicas.

Sportivo perdió ayer con el puntero y candidato absoluto a ganar uno de los ascensos.

Perder se puede siempre y más contra un rival cuyo plantel supera holgadamente en cantidad, calidad y presupuesto al digno plantel armado por la dirigencia víbora. Pero empezar perdiendo porque se tropieza con la misma piedra que la semana anterior, es un tema para analizar. Duda en la cobertura defensiva y oportunidad para que Ponzio, con tranquilidad absoluta mida el zapatazo y le pegue de 35 metros

Es verdad que el pique de la pelota sorprendió a Giordano. Pero también es cierto que hasta ese instante Sportivo había mostrado dos caras. Una al inicio con sus líneas bien cerca, apretando arriba e intentando jugar a un toque. En ese lapso la mejor jugada, o la única para decirlo bien, asociada y con peligro había sido del Víbora. La culminó Parisi con una media vuelta que tapó abajo Vega.

En el primer cuarto de hora fue de igual a igual. Después, comenzó a retrasarse, lo dejó a River que maneje la pelota y eso le permitió a los Millonarios probar dos veces, una con Aguirre, a los 15, otra con Cirigliano (17), cuyos remates se fueron altos y desviados. La tercera vez. La tercera fue la vencida. El gol de Ponzio, a los 20 minutos dio inicio de otro partido, en el que este River sin brillo, que extrañó al Chori Domínguez, dominó más con su presencia que con su fútbol a un Sportivo previsible que no encontró respuestas futbolísticas por las bandas en Alvarez y Drocco y quedó supeditado a un juego centralizado, inexpresivo y controlable.

La goleada lástima, hiere. Es exagerada, pero los fundamentos de ella hay que buscarlos adentro y no afuera. Sportivo no encuentra su identidad. Dillon aún no pudo trasmitirle su personalidad. El Flaco siempre fue un jugador rebelde, que no daba por perdida ninguna pelota.