"No hay quien pueda ganarle. No lo intenten, porque no tiene sentido". Medio en serio y medio en chiste, lo dijo el francés Jo- Wilfried Tsonga, en la conferencia de prensa post eliminación en semifinales del Abierto de Australia. El moreno hablaba de la misión imposible llamada Roger Federer. Ayer, tras superar el suizo en el choque decisivo a quien muchos marcan como su heredero, el británico Andy Murray, se ratificaron sus dichos de 48 horas antes. Así el número uno del planeta trepó a 16 la cantidad de títulos de Grand Slam en su carrera que ya es una auténtica leyenda viviente.
Federer dominó en todo momento el encuentro que duró dos horas y cuarenta y un minutos y se lo llevó con parciales de 6-3, 6-4 y 7-6. De esta forma sumó su cuarto título en Melbourne, donde el año pasado cayó en la final ante Rafael Nadal.
El Expreso, como lo apodan a Federer, arrancó con todo en la final ya que en el primer turno al saque de su rival le quebró para irse 2-0 arriba. Aunque el cuarto del planeta se recuperó rápido para igualar todo en un par de games. Claro que cerca del final estuvo la contundencia de Roger para concretar el quiebre en el octavo game y después cerrarlo por un claro 6-3.
Federer mantuvo su mejor nivel en el segundo set al quebrar el saque en el tercer game ya que Murray tenía problemas para imponerse en los puntos largos, permitiendo al suizo mandar los puntos y forzar errores. Una de las principales armas de Federer en el segundo set fue su saque y el suizo no le dio ninguna oportunidad al escocés de revivir y así abrochó el set con grandes saques, sin enfrentar ningún punto de quiebre.
Si los fanáticos disfrutaron de un tenis magistral de Federer en los dos primeros sets, en el tercero se contagiaron por el poder de lucha de Murray que lo tuvieron a punto de forzar un cuarto parcial. Aunque en el tie break la balanza se inclinó para Federer que lo cerró con un 7-5 para sumar una nueva corona. De esta forma, Murray perdió su segunda final de Grand Slam, la anterior fue en el Us Open del 2008 y ante el mismo verdugo que ayer, esa leyenda llamada Roger Federer.
