La asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) elegirá esta semana al sucesor del presidente del cuerpo, el cardenal Jorge Bergoglio, quien no podrá ser reelecto porque ya estuvo frente del organismo por dos períodos consecutivos y por razones de edad. Además, definirá la conformación de todos sus organismos para los próximos tres años.
La expectativa central será develada este martes o miércoles ya que mañana lunes, más de un centenar de obispos se recluirán en El Cenáculo de Pilar para celebrar la 102º Asamblea Plenaria. Allí se votará la nueva integración de la comisión ejecutiva y a más tardar el miércoles se sabrá quien sucederá a Bergoglio.
Bergoglio no puede aspirar a un tercer trienio, pero además, debe renunciar la presidencia de la CEA antes del 17 de diciembre, cuando cumpla 75 años de edad tal como lo exige el Vaticano.
Ante este nuevo desafío, los hombres de la Iglesia fluctúan entre consagrar a un “moderado” para mejorar el diálogo con el Gobierno o bien, un “ortodoxo” capaz de fijar posición frente a los temas de interés de la comunidad católica.
Según fuentes eclesiásticas, existe consenso entre los obispos para designar al arzobispo de Santa Fe, José María Arancedo, como nuevo presidente del Episcopado. Arancedo, primo hermano del ex presidente fallecido Raúl Alfonsín, integra actualmente la ‘mesa chica’ del Episcopado, como vicepresidente segundo de la comisión ejecutiva del cuerpo, junto al arzobispo de Tucumán, Luis Villalba, que es vicepresidente primero.
Otro prelado que se menciona para integrar la mesa ejecutiva de la CEA es el arzobispo de Corrientes, Andrés Stanovnik, con amplia experiencia en el Consejo Episcopal Latinaomericano (CELAM). El tercer aspirante de la línea moderada es Agustín Radrizzani, arzobispo de Mercedes-Luján. Mientras que otros sectores más conservadores nombran al arzobispo de La Plata, Héctor Aguer, con posibilidades de acceder.
Fuentes gubernamentales esperan “una Iglesia más contemporizadora, menos confrontativa” para esta nueva etapa. Además del titular de la CEA, se definirá la conformación de comisiones estratégicas como la de Pastoral Social, actualmente presidida por el obispo de San Isidro, Jorge Casaretto -que tampoco puede ser reelegido- y para la que se menciona al obispo de Gualeguaychú, Jorge Lozano, quien suma una destacada actuación en diversas problemáticas de índole social.
También se renovará la presidencia de organismos centrales como Cáritas, donde el obispo de Merlo-Moreno, Fernando María Bargalló, tampoco podrá ser reelecto.
Sea cuál sea el sucesor de Bergoglio, allegados a la presidenta argentina ya prevén un escenario de menor confrontación con la Iglesia, una constante durante la gestión del matrimonio Kirchner.
Presidida por Bergoglio, la asamblea electiva -de la que participarán más de un centenar de obispos de todo el país- comenzará mañana por la tarde y se extenderá hasta el sábado 12 en la casa de ejercicios espirituales ‘El Cenáculo‘ de la localidad bonaerense de Pilar. Por medio del voto electrónico, los obispos elegirán durante esos días a una nueva comisión ejecutiva, así como a los presidentes y miembros de las comisiones episcopales, delegados episcopales y de las regiones pastorales, para el trienio 2011-2014.
El plenario que comenzará mañana con una misa que presidirá Bergoglio incluirá a su vez el habitual intercambio pastoral sobre la realidad nacional. Por ello, es de esperar que haya referencias a la reciente elección general, en la que Cristina Fernández de Kirchner obtuvo el 54 por ciento de los votos.
Con la nueva conducción episcopal electa, no se descarta que haya un pedido de audiencia a la mandataria, mientras algunos observadores advierten gestos de aproximación y cambios en la relación bilateral, caracterizada por los desencuentros y la confrontación permanente. Un giro relacional que puede acentuarse cuando Bergoglio, a quien el kirchnerismo supo percibir como el ‘líder espiritual‘ de la oposición, deje la titularidad de la CEA. Entre otras conversaciones, la nueva conducción de la CEA deberá abordar la estrategia de la Iglesia frente a los proyectos de despenalización del aborto y de “muerte digna” en enfermos terminales.
