El partido era historia y en el vestuario de San Martín, extrañamente, no sonaba la música del grupo cuartetero La Barra como ya es un clásico. Retumbaba el sonido de La Mosca y el grito de los jugadores verdinegros después de una victoria que sonó a alivio. Que sirvió para ponerle fin a una semana que tuvo de todo y que terminó con la cosecha ideal. En Córdoba y ante el necesitado Talleres, los dirigidos por Craviotto volvieron a ganar tras 135 días sin hacerlo como visitantes. Fue un 2-1 ante la `T’ que se quedó sin técnico y que le permitió al equipo sanjuanino meterse de nuevo en la pelea, al menos, por una promoción. Como para pedirle a Ceballos, el dueño de la iniciativa de traer el CD del grupo de Ramallo, que lo repite una y mil veces más.

Aunque suene a una frase añeja y mil veces utilizada, eso de que "hay que sufrir para gozar" se cumplió al pie de la letra para San Martín. Porque los cordobeses le generaron una decena de chances y esta vez, a diferencia de los otros partidos de este año, la diosa fortuna estuvo del lado de Concepción. Un par de remates en los palos y otras tantas opciones desperdiciadas por los locales fueron la síntesis justa para redondear una victoria de San Martín, justo después de dos caídas al hilo que llegaron hacer dudar a Craviotto en su cargo.

La ecuación de la efectividad resultó perfecta para San Martín en sus dos primeros remates al arco de Brasca. Primero, Ceballos a los 12′ con la colaboración tras el tiro en el travesaño de Lussenhoff y dos minutos después, con la categoría de Husaín en la definición, permitieron ese 2-0 en menos de un cuarto de hora realmente soñado. Desde entonces, Talleres manejó tiempo y espacio. Dominó el medio y generó riesgo con los avances por derecha de Buffarini y por el sector opuesto de Quiroga. Casi descuenta el novio de Fernanda Vives, el fashion Cobelli, a los 27′ pero Pocrnjic se hizo gigante y la tapó. Aunque tres minutos después, Peralta falló en la marca de Wilchez y el ex verdinegro facturó para dejar todo abierto para el complemento.

Esa etapa fue toda cordobesa. Con la caldera en que se convirtió la Boutique de su lado y malgastando las chances una tras otra. Las más claras fueron un par: a los 16′, un zurdazo de Wilchez dio en el palo y en el rebote Quiroga cruzó su zurdazo; y a los 33′, el mismo Quiroga tuvo su revancha pero el mismo vertical le dijo que no nuevamente. Para entonces, Amador Sánchez ya había sacado a Zermatten (un cambió que le valió el insulto de todo el estadio) y además Díaz se había ido temprano a bañarse con la roja en primer plano. En el final, Peralta, devenido en delantero, lo tuvo en dos oportunidades pero le faltó certeza para no sufrir tanto. Igual, la alegría fue sanjuanina. Porque como diría Memphis se llevó la flor más bella.