‘Las crecientes multitudes de perjudicados, marginados, indignados, empobrecidos, desesperanzados, constituyen la mejor clientela y los más entusiastas partidarios de los predicadores de las soluciones fáciles e inmediatas, de quienes prometen raudos cambios de status sociales y aseguran darán gratuidades que no exigen esfuerzo alguno y que son enarboladas como acciones justicieras’. ‘El prevaleciente auge del populismo (I)’, por Alejo Martínez Vendrell (Fundación Ricardo Rojas).
La superación del populismo como ideología por el restablecimiento de la República se corresponde con el diseño político de nuestro país desde el advenimiento de la democracia.
Ya Aristóteles sostenía que los tres pilares fundamentales de la República son: la división de poderes y su control recíproco; la participación política activa por parte de los ciudadanos (esto supone la publicidad de los actos estatales y la necesidad de instrucción en materias de ciencias jurídicas y política tanto teórica como ‘material’ (aquella ocurrida en un estado determinado y en un momento dado) y la representación de todas las clases sociales dentro de las instituciones de gobierno con iguales atribuciones y prevalencia de ninguna.
Los fines supremos de las formas de gobierno deben ser: la libertad-igualdad (‘sólo somos libres entre iguales’, consideración griega de la época). La realización de la justicia y del bien común. La práctica plena del desarrollo de las capacidades cognitivas humanas (para lo cual considera necesaria la realización de los dos puntos anteriores siguiendo el concepto fundamental de Sócrates (Bien=Verdad). Según el cual el bien es igual a la verdad y el mal a la ignorancia. Sócrates explica esto de la siguiente manera: el humano busca la felicidad, llenar su vacío existencial. Para esto utiliza medios por los cuales pretende lograr dicho fin. La mayor parte de las veces utiliza medios que consiguen satisfacciones efímeras, etéreas, superficiales, que no van más allá de los ‘deseos pasionales’ (como tener sexo, alimentarse, etc.) de esta manera concluye que busca un fin por medios que no pueden alcanzarlo, ya que éste sólo puede ser alcanzado mediante la contemplación de la verdad, entendida como el conocimiento de la realidad. De esto se advierte que si sólo somos libres entre iguales no puede haber una clase gobernante, deben gobernar todas por igual.
Se han visto rasgos de deformación de la democracia que al decir de la profesora Elizabeth, educadora, (de Ilo Perú) ha caracterizado en cuanto los gobernantes han intentado ganar el apoyo del pueblo sobreestimulando su entusiasmo y emociones y adormeciendo su capacidad crítica. La acción del gobierno -describe- no está orientada a lograr el bien común sino a buscar una adhesión popular para satisfacer sus ambiciones personales. Suele ser convincente de la siguiente forma: con encendidos discursos despierta el fervor de la multitud; no recurre al razonamiento sino a la emoción. En sus argumentaciones no explica las ventajas o inconvenientes de una medida determinada de gobierno sino que utiliza adjetivos o expresiones que conmueven al pueblo. Por ejemplo, si la medida propuesta introduce un cambio, hablará en nombre del progreso y señalará los prejuicios anticuados. Si, por el contrario, se opone a una medida, arrojará sospechas sobre la innovación y elogiará la sabiduría de la tradición. Usa frecuentemente términos difamatorios para referirse a la oposición, pero no utiliza argumentos racionales para demostrar la incorrección o el error. Su técnica se complementa con la organización de grandes concentraciones, donde se despliegan insignias y banderas, se realizan desfiles o se incluye cualquier otro elemento que pueda servir para reforzar en el pueblo el apoyo emocional e incondicional y el ciego rechazo a toda persona, grupo o institución que se oponga a su acción o cuestione su imagen.
Utiliza los medios de comunicación al servicio de sus propósitos, y mediante eslóganes, es decir, breves mensajes o lemas, repetidos constantemente, va disminuyendo la capacidad de análisis crítica de la opinión pública. Se presenta como un salvataje al pueblo y la ciudadanía pierde su capacidad de decisión, limitándose a seguir sus directivas. Parecería que en algún momento de la historia esta forma desaparece no sin dejar rastros. En algunas ocasiones resulta difícil precisar si un gobierno determinado tiene características democráticas o demagógicas. En otros casos, las características del sistema democrático están tan deformadas que la calificación del gobierno no presenta dudas.
Los sistemas democráticos existentes pueden presentar una gradación de desviaciones para las que no se ha creado ninguna denominación específica. Sin embargo ideologías inducidas por líderes pueden pretender el fin antes mencionado llevando al error sin reparar en el estado de conciencia por el conocimiento y la participación.
