Alentados por la experiencia, que debutó en 2012 con Nosferatu, el grupo Kamera vuelve a la acción. Hoy a las 22 (entrada $50), en la Sala Z del IOPPS (Pedro Echagüe 475 Oeste) se verá la película Vampyr, el clásico mudo de Carl Dreyer, que data de 1932. Y, como aquella primera vez, lo distintivo es que la proyección contará con música hecha a medida y ejecutada en vivo. Un trabajo autofinanciado y prácticamente único en el país, que tiene como antecedentes a Kabusaki (en el Malba, Buenos Aires) y a Marc Ribbot (en el Moma, de Nueva York).
"La idea rectora del proyecto es ofrecer a los espectadores, salvando las ventajas técnicas con las que ahora contamos, una experiencia similar al de las personas que asistían al cine allá por los comienzos del siglo XX a presenciar un espectáculo que tenía como sustentos básicos la imagen y la historia que se narraba", comentó Daniel Gil, encargado de la investigación, selección y narración en el grupo, que completan Guillermo Heredia, en violín y percusión; y Nelson Tejada, en guitarras y bajo. Con "El gabinete del doctor Caligari" de Robert Wiene en el laboratorio, el trío formado a fines de 2011 eligió Vampyr para dar continuidad al tema del vampirismo, que inaugura en el cine Nosferatu, y también por "el desconocimiento casi total que hay sobre ella, una de las películas malditas por excelencia en la historia del cine".
En cuanto a la música, es totalmente original y sin dejar espacio a la improvisación, "ya que consideramos que el film es en sí mismo una obra cerrada que se repite exactamente igual cada vez que es proyectado y la música debe adaptarse a esta situación de la forma más coherente posible". Mezcla entre dos de las corrientes artísticas que marcaron las primeras décadas del siglo XX, impresionismo y el expresionismo, la composición llevó unos dos meses de trabajo y otro tanto lo ensayos para lograr el ensamble con las imágenes.
