Colombia cumplirá hoy la formalidad de la segunda vuelta electoral para designar presidente a partir de agosto, una plaza para la que el oficialista Juan Manuel Santos parece tener todos los boletos, aunque el opositor Antanas Mockus todavía sueña con una sorpresa.
En definitiva, poco menos que 30 millones de colombianos tendrán la chance de elegir entre el continuismo que representa Santos, candidato del Partido de la U, y el giro que propone Mockus, postulante del Partido Verde, hacia la transparencia en la gestión y el respeto por la institucionalidad.
Uno de los mayores temores para hoy es que la concurrencia a las urnas sea aún menor que la del 30 de mayo (49 por ciento). No sólo por la cómoda ventaja que lleva Santos (el candidato que representa al presidente Alvaro Uribe), sino también porque se juegan tres partidos del torneo y el fútbol es pasión en este país.
Por si no alcanzaran esas dos razones, se suma que este balotaje cae en medio de las vacaciones de mitad de año.
Hasta el presidente Uribe salió a pedir que la gente se acerque a los lugares de votación: "Es muy importante el campeonato mundial de fútbol, pero el domingo es el día de la democracia de la patria, y hay que hacer un esfuercito de suspender un ratico los partidos de fútbol", señaló.
Habrá hoy 72.725 lugares de votación, todos en medio de un fuerte operativo de seguridad que involucrará a 350 mil hombres entre militares y policías, para alejar la chance de atentados que empañen la jornada electoral.
La victoria de Santos es prácticamente un hecho porque de por sí estuvo cerca en la primera vuelta, cuando logró el 46,5 por ciento de los votos (cerca de la necesaria mitad más uno), pero además porque en estas tres semanas sumó el respaldo de Cambio Radical (tercera fuerza el 30 de mayo) y el Partido Conservador y de importantes sectores del Partido Liberal. Mockus, en cambio, se alejó del Polo Democrático Alternativo, que podría haberle sumado algunos votos, y apostó a no negociar, con su argumento de que buscaría una "alianza ciudadana" que esté por encima de las estructuras partidarias.
Aunque su triunfo parece imposible, insistió con su apuesta a que cada uno de sus seguidores convenza a tres potenciales abstencionistas, y a un lema que resume su quijotada: "si lo soñamos, lo logramos".
Las encuestadoras, que tanto equivocaron sus pronósticos para la compulsa del 30 de mayo, ahora vaticinan resultados cercanos al 60 y 30 por ciento, respectivamente, para el oficialismo y la oposición. Santos, ex ministro de Defensa de Uribe, y gestor desde ese cargo de duros golpes a las fuerzas rebeldes colombianas de las FARC, se esforzó por mostrarse como quien garantiza la continuidad de la política de "seguridad democrática" que aplicó el mandatario con marcados éxitos militares, pero también con graves cuestionamientos en materia de derechos humanos y respeto a la institucionalidad.
Goza, además, de la "maquinaria" estatal, con peso en la población rural y los departamentos alejados, y juzgó fuerte con su propuesta de un gobierno de unidad nacional, con la que, prácticamente, reconstruyó la hasta acá desmembrada alianza uribista con liberales y conservadores.
Mockus, ex alcalde de Bogotá, impulsa, sobre la base de transparencia y una honradez probada, un cambio ético, mensaje que logró instalar en las clases medias y en las grandes urbes, pero no alcanzó el favor de sectores populares que al parecer apostarán por el mensaje de mano dura de Santos.
