Hace unos días Cristina Fernández de Kirchner pidió a los precandidatos del Frente para la Victoria (FPV) en sus diferentes niveles un "baño de humildad" y que quedaran no más de dos candidatos en las internas.

Esta fue la excusa perfecta para que se bajaran de sus candidaturas presidenciales Jorge Taiana, Agustín Rossi y Sergio Urribarri. Lo cierto es que esas candidaturas tenían nula competitividad dentro de su espacio, pero distraían de las dos que sí captaban porciones importantes del electorado favorable al Gobierno nacional o independiente. Al limpiarse el escenario del Frente para la Victoria, se imponen tres contiendas un poco más claras, aunque con resultados casi cantados.

La primera, la de PRO-UCR-CC. Con Macri a la cabeza, de manera muy cómoda, las posibilidades de Ernesto Sanz y Elisa Carrió son bajísimas. El nivel de competitividad dentro de ese espacio es cercano a cero, ya que la ventaja de Macri es muy amplia, pero le permite resolver una sumatoria de partidos, sin acercarse al recuerdo de la Alianza. Un peligro que correrá durante toda la campaña, pero al generar listas separadas (aun sin competitividad entre sí) suma algunos segmentos electorales diversos.

La segunda contienda es la del Frente Renovador. Si bien José Manuel De la Sota acerca una provincia importante al massismo (Córdoba), es indudable que Sergio Massa será el candidato de ese sector, si es que supera los problemas internos y el éxodo de dirigentes. Nivel de competitividad de la interna: nulo. La interna, al igual que el acto del 1 de Mayo en Velez, son centrales para que Massa sostenga sus aspiraciones presidenciales, mientras pasa la tormenta.

La tercera contienda es la del Frente para la Victoria. Al quedar solo Daniel Scioli y Florencio Randazzo en las internas, el FPV consigue realizar unas primarias de competitividad media. Si bien el gobernador bonaerense sigue cómodo en primer lugar, el ministro del Interior ha crecido ostensiblemente anclado en su gestión, sobre todo lo relacionado a la confección de los documentos de identidad y la política ferroviaria. Estas primarias reducidas a dos permiten sostener a diversos segmentos electorales que van del kirchnerismo duro, más afecto a Randazzo, a un espacio electoral de apoyo crítico a la gestión, más cercano a Scioli. El resto de las fuerzas políticas aun no plantea realizar internas, por lo que nos detenemos en el análisis de esas tres fuerzas.

-En los medios, Tinelli:
Esta semana se consumó un hecho político-mediático de envergadura. La presencia de los "principales" candidatos en el programa de entretenimiento de mayor rating del país. Una prueba más de que el politainment (mezcla de entretenimiento y política) ha ganado un lugar permanente en nuestro país.

La presencia gustosa de los candidatos, sus mujeres y sus imitadores fue tema de conversación en las mesas familiares y trending topic en Twitter. Nadie pudo mantenerse al margen. Los políticos que participaron exprimieron el tema a fondo, los medios de comunicación les hicieron lugar tanto en la sección política como la de espectáculos y los precandidatos que no fueron invitados lo criticaron fuertemente. Tal fue el impacto, que se desarrollaron tres disertaciones al respecto en el último Congreso Internacional de Comunicación Política, realizado en Buenos Aires el 15 y 16 de mayo.

-¿Es tan malo?

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Ante las enormes críticas a la que sometieron a los precandidatos que participaron en Showmatch, opondré algunos datos que permiten entender el fenómeno de los políticos en programas de entretenimiento.

Mientras un 30 por ciento de los ciudadanos argentinos se manifiestan interesados en temas políticos, un 70 por ciento manifiesta estar poco o nada interesado en esos temas. El proceso de desafección política y la personalización son fenómenos que atraviesa la política en toda Latinoamérica. En rigor, el desinterés no es tanto con la política, sino con los mensajes en tono político clásico, solemne y conceptual. Lo cierto es que los candidatos, para poder conectar con amplios segmentos electorales necesitan reconvertir sus mensajes, transmitirlos con otros códigos, menos orales y más visuales. ¿Es eso la anti-política? No necesariamente, ya que la ideología se transmite no solo desde el discurso impreso u oral. A nadie caben dudas ya de que una camisa celeste tiene un significado que no es sólo estético, es político. Lo mismo que los colores amarillo, naranja y negro, las camperas de cuero sindicales, los estilos del habla y la referencia a "todos y a todas" de CFK.

Todos esos gestos, vestimentas y modismos son ideológicos, ya sea que aparezcan en el programa de Mariano Grondona o el de Tinelli. La diferencia es que a Tinelli lo ven millones de personas, y eso explica la presentación de los candidatos en ese programa. Además, en sus participaciones ellos intentan transmitir ciertos atributos personales de liderazgo, que también son tenidos en cuenta por los electores