Acaban de cumplirse 10 años de la puesta en vigor del Protocolo de Kioto, tratado suscripto por las naciones más industrializadas del mundo, con el objeto de reducir las emisiones de gases, principalmente de C02, que están incidiendo en el cambio climático. Según los expertos este objetivo no se está alcanzando en la medida de lo esperado, por lo que ya se ha convocado a una nueva cumbre para diciembre de este año, de la que podría salir un nuevo acuerdo para darle continuidad a los postulados fijados en aquella oportunidad.

Hay que tener en cuenta que el Protocolo de Kioto llevó más de 7 años en ser redactado debido a la resistencia de potencias mundiales como EEUU, que anteponían sus intereses económicos negándose a reducir todo aquello que implique una baja de la producción de su industria.

Con Kioto, por primera vez, se establecían obligaciones concretas de reducir las emisiones causantes del calentamiento global, con un acuerdo de mínimos que obligaba a las principales potencias a reducir sus emisiones un 5,2% en el periodo 2008-2012 respecto a 1990. En la actualidad se reconoce que esos valores fueron muy pocos y establecidos en forma tardía, pero a la vez se reconoce que era la primera vez que se tocaba la fibra sensible del poder económico mundial.

Al finalizar 2012, muchos dieron a Kioto por muerto. Sólo la Unión Europea aceptó un nuevo compromiso para prolongar su vigencia, asumiendo la reducción de sus emisiones del 20% para el año 2020, algo que todos saben que no es suficiente.

Las emisiones de gases de efecto invernadero no han dejado de aumentar y el último informe de los expertos climáticos de todo el mundo (IPCC) pone de manifiesto que ya estamos sufriendo los impactos del cambio climático y que, como sigamos a este ritmo de emisiones y de dependencia del carbón y del petróleo, las temperaturas globales podrían aumentar más de 4ºC en este siglo. Esos mismos científicos advierten que la línea roja que no deberíamos cruzar es la de una subida de 2ºC y para ello en 2050 las emisiones deberían reducirse a cero.

Este fenómeno es el que alienta, año tras año, a los gobiernos de más de 190 países a participan de cumbres climáticas para negociar que hay que hacer más allá de 2020. Hay ciertas esperanzas con datos como que desde 2005 a 2012, la energía eólica ha crecido 5 veces y la solar 25 y que para 2050 la solar podría ser la mayor fuente de energía eléctrica.