Causó sorpresa en la opinión pública la aparición de un yacaré en un paraje de Albardón, el viernes último, por tratarse de un animal que habita en regiones tropicales y húmedas muy distantes de San Juan; pero el hallazgo no es tan insólito como parece, ya que se trata del sexto cocodrilo que termina en el Parque Faunístico encontrado en esas condiciones. En realidad el verdadero asombro es el aumento del tráfico ilegal de ejemplares protegidos, más en este caso, por el absurdo de pretender tener como mascota a un reptil que llega a los tres metros de largo en su adultez, si esa era la idea.
Quedan en evidencia otras intenciones, como embalsamarlo, sacrificarlo por el cuero, o bien llevarlo a un zoológico particular en nuestro país o fuera de él, en virtud de la facilidad de traspasar fronteras con un ejemplar de yacaré overo, a pesar de los controles interprovinciales, aunque son fáciles de evadir por huellas laterales como las de Bermejo y El Encón, por ejemplo, que cruzan los traficantes. El animal encontrado cerca del Dique de Ávalos no subsistiría fuera del hábitat, menos después del cautiverio.
El lugar es el destino del tráfico de especies exóticas, tanto autóctonas como de hábitat muy distantes, un problema creciente a nivel mundial, hasta convertirse en el tercer comercio ilegal después de las drogas y las armas, movilizando entre 10 y 20 millones de dólares al año, según las entidades conservacionistas. Se estima que de un 100% de animales exóticos en tráfico, un 70 a 80% de las capturas llega sin vida a su destino, sin considerar el resto en deplorable estado de salud, debido a las condiciones de hacinamiento y mala alimentación que experimentan durante el tráfico, luego de ser extraídos de ambiente salvaje.
En este proceso marginal, y teniendo en cuenta los reducidos espacios en que se trafica la fauna, muchos animales se automutilan, se arrancan las plumas o se amputan los dedos de las patas, además de caer en un trauma que los lleva a la muerte. Se calcula que aproximadamente el 50% muere antes de ser vendido o embarcado al exterior y frente a la altísima tasa de mortalidad, el negocio requiere de grandes cantidades de ejemplares y por ello el ciclo se reinicia con la depredación aumentando las cacerías en el medio natural y diezmando los ecosistemas.
