Gonzalo (12 años), había salido temprano ayer en la mañana de la escuela. Su hermano Nahuel, de 9, esperaba en su casa en un asentamiento de Pocito a que se hiciera el mediodía para prepararse e irse en la tarde al colegio. Como todos los días y para pasar el tiempo, ambos se fueron con su primo Jonathan, de 6, hasta un descampado cercano a jugar con otros chicos del lugar. Hasta que Nahuel encontró algo raro enterrado en la basura, le avisó ansioso a los otros niños y corrió a su casa a buscar un encendedor. Y ahí vino el espanto: apenas prendió fuego a eso que parecía un petardo gigante (habría sido una bomba de estruendo) estalló y provocó un desastre: a Gonzalo le arrancó cuatro dedos de su mano derecha, un pedazo de piel de su abdomen y una herida cerca de su mentón. A Nahuel el estallido le arrancó parte del labio superior y nariz. Solo el más pequeño tuvo un poco de fortuna: sufrió un corte en su mano, panza y cadera. Todos quedaron temporalmente sordos por el terrible estruendo. El caso era investigado ayer por policías de la comisaría 7ma.

Según los familiares, todos los niños están fuera de peligro.

Rosa Zamora (36), madre de los hermanos, contó ayer que todo pasó alrededor de las 11:30 en un descampado que utiliza el municipio de Pocito para arrojar hojas de árboles y tierra, que está situado a un costado de su casa de calle Aberastain y 16, a escasos metros del Canal Céspedes y como a dos cuadras de las viviendas.

Hasta allí llegaron a jugar, como siempre, dos de sus siete hijos con su primito y otros vecinos, contó la mujer. Aparentemente, entre esa basura, Nahuel encontró un paquete de papel envuelto en cinta adhesiva con una mecha. Fue corriendo hasta su casa y le pidió el encendedor a su papá. Al cabo de unos minutos, un fuerte estruendo invadió el ambiente. "Yo estaba en mi casa con mi marido haciendo la comida cuando escuché una explosión terrible", dijo ayer Zamora en el hospital de Niños.

En esos instantes, su hijo Gonzalo entró por la puerta con la mano ensangrentada. Atrás venía su hermano con la cara "roja". Rápidamente buscaron auxilio y llevaron a los chicos hasta el hospital zonal y luego al Guillermo Rawson, donde también llevaron dos de los dedos de Gonzalo que no pudieron reimplantar, dijeron.

"Mi hijo perdió 4 dedos de la mano, se le ve el hueso de la mandíbula. Al otro lo estaban operando (ayer tarde) de la nariz y la boca. Solo mi sobrino fue el que mejor la sacó. Hace 4 años perdí un hijo de dos años en el canal y ahora esto. La verdad no se lo deseo a nadie… son muchas cosas desgraciadas", indicó el padre de los chicos, Héctor Oviedo, conmovido.

Y agregó: "Vamos a reclamarle a la Municipalidad para que no arroje más basura acá porque puede venir cualquier cosa y pasa lo que le pasó a mis hijos. Esto le puede pasar a cualquiera de los chicos del asentamiento y la verdad nos queremos eso. Nos queremos ir de aquí", sentenció.